ESPACIO DEL ARTE ESCRITO Y VISUAL

viernes, 5 de diciembre de 2008

Estrella y Escarcha

Estrella y Escarcha




Estos apagones no cesan. La ciudad es tan sólo una cueva donde los bichos carcomen su odio, se ocultan entre la odisea y el llanto. En el kilómetro 12, en la avenida donde la historia reclamó la sangre de aquel hombre que descuartizaba fantasmas y regurgitaba mariposas vestidas de mármol, está el motel Estrella y Escarcha. En la habitación verde clara, dos copas rotas, varias botellas de vinos vacías, dos sombras, dos cuerpos y la noche los envolvió en magia de unicornio lacerado, brotaban duendes mutilados de sus alientos, rompían con todas las vorágines del silencio. Era ya las dos de la tarde del día siguiente, la sirvienta que limpia las habitaciones toca la puerta más nadie responde, vuelve y toca y en ese transcurso de espera, la radio inunda los pasillos del motel de varias noticias estresantes.


Juan Liberato tiene diez años trabajando como administrador de este lugar, mientras hurgaba en los libros contables del negocio, se percató de algunas anomalías, pero quien podría ser el autor de dichos errores, sí tan sólo él, tocaba esos libros lleno de polillas, sí, lleno de cifras invisibles . Han pasan quince minutos más y la señora vuelve a tocar la puerta de la habitación, mas nadie responde, ya dudosa de la situación se dirige a la oficina de Juan Liberato, donde este, tiene una batalla campal con los ingresos y egresos, ella se dirige hacia él y le dice: señor, los efímeros inquilinos de la habitación verde clara aún no responden, él con la frente sudada de tantos número coge el teléfono y llama a la pareja que según sus instintos, aún duermen, entonces se dirige a la habitación personalmente y toca la puerta, da tres golpes de forma brusca, el silencio se expande entre sus labios, reacciona y corre hacia la oficina, nervioso toma el teléfono y llama a la policía.


Miguel Valencia es policía por herencia, su padre es policía, dirige un departamento de asuntos internos de la institución, también lo fue su abuelo, él esta sentado al lado del bebedero, que supuestamente siempre tiene agua bien fría, desde este lugar ve llegar y salir parejas que quieren devorarse, asesinarse con palabras estériles salida de un dolor esporádico, mas cuando la noche llama a sus fantasmas, se abrigan en la iniquidad del orgasmo. Ha sonado el teléfono, Valencia con una pereza embravecida lo toma, responde, buenas tardes, esta usted llamando al destacamento policial Manresa, en que podemos servirle, del otro lado Juan Liberato en tono nervioso expone lo acontecido por el momento en el motel Estrella y Escarcha. Valencia abre una de las gavetas del escritorio toma sus grilletes, arma de fuego de reglamento, peine por si la mosca, de paso entra a la oficina del oficial de turno, hablan sobre el acontecimiento, él lo remite al ayudante fiscal para que lo acompañe hacia el lugar del hecho.
Alberto Mecía es un joven egresado de la universidad estatal, con algunas maestrías en España y Boston, se perfila como uno de los mejores en la rama de la justicia preventiva, tocan la puerta de su oficina, mira levemente por encima de los lentes para leer, es Valencia que trae el informe sobre el supuesto crimen.

La noche esta cayendo, es el mes de Noviembre, aquí el otoño lo notamos porque las noche son más largas y los árboles están semi desnudos. Son la seis de la tarde la impaciencia es notable en el motel, Liberato se toma varias taza de café, las colillas de los cigarrillos han ensuciado todo la alfombra de la oficina, pareciera como si fuese una ciudad tercer-mundista. Se oye el sonar de una sirena, son Valencia y Mecía, se desmontan del carro, se dirigen a la oficina del administrador, hablan con Liberato, este lo lleva a la habitación verde clara. Valencia toca la puerta, no hay repuesta, entonces Mecía autoriza el derribo de la puerta, el primero en entrar es Valencia, arma en mano, de repente detuvo la marcha, los pelos de las manos se le erizaron, como si un imán lo estuviera polarizando, una nausea le invadió toda la boca, no podía creer lo que estaba viendo, le hizo una seña con las manos a Mecía para que entrase porque de sus labios no podían salir las palabras estaba inhibido de todo dialogo, solamente miraba estupefacto eso que no podía narrar con las palabras. Mecía se acercó lentamente, guiado por los gesto de asombro de Valencia, al asomarse a la habitación y ver desde la estoicidad de su miedo, aquella espantosa escena, le temblaron las piernas, un girar en su cabeza le inundo por segundo el corazón de latidos subversivos. Ya los dos en la habitación, pudieron notar que había dos cuerpos uno boca arriba, el otro boca abajo, quien estaba boca arriba era un señor, que al parecer venia de buena estirpe, zapatos Gussi, reloj Rolex, camisa, pantalón y pantaloncillo de la marca Polo. De quien estaba boca abajo tan sólo pudieron percatarse de un brazalete y una flor tatuada en su espalda.

La ciudad comienza a borbotear entre las luces de neon, las meretrices pasean por las calles, se esconden detrás de los obeliscos carcomidos por el semen paranoico de lo que ya no existen, tan sólo para ocultarse de algunos policías que supuestamente son honestos. La noche sorprende algunos intelectuales acariciando luciérnagas y mariposas en los burdeles del bulevar, más Valencia y Mecía aún no entienden. ¿Por qué tanta sangre abrigando estos cuerpos? ¿Por qué tanto odio reprimido en sus piernas? Valencia ha vuelto a recuperar el habla, le pide a Liberato un poco de agua por favor, este de forma trastornada se desplaza por el pasillo con una colilla de cigarrillo, pareciese que quisiera fumarse las largas razones de los muertos, en la habitación, Mecía recomienda a Valencia llamar al médico legista para formular los procedimientos legales y a si proceder científicamente al ¿por qué? del latrocinio. Valencia se desplaza por el pasillo para hacer una llamada telefónica desde la oficina, en ese preciso momento, liberato viene con el agua que le había pedido Valencia, se tropiezan, este le da el agua en un envase plástico y Valencia expresa, usted me puede prestar el teléfono, pues si, responde Liberato, este toma el teléfono y llama al hospital central para requerir un medico legista, en el motel Estrella y Escarcha, mientras en la habitación Mecía hurga entre las pertenencia de los fallecidos.


Han pasado ya dos horas de la llamada al medico legista, los hombres se tropiezan con toda la terquedad de los cuerpos, quien podría decir que quien miraba hacia el cielo contaba las estrellas que regurgitaban de los cementerios poblado de estiércol y sombras, que su ultima morada estaba invadida de ácaros disecados entre las almohadas del espanto. Y que de quien arañaba la tierra, que pretendía ser doncella enlodada de orgasmos mutilados en la hoguera del olvido, mas todo era un sueño que se dilataba entre los callejones de una ciudad invadida por falsos líderes y falsos profetas. Ha sonado la bocina de un motor, es Alex Bobadilla el médico legista del hospital central, como siempre cumpliendo con el tiempo que requiere el hecho, no hay más excusa que el tumulto de los carros. Es recibido por Mecía, este lo conduce al lugar donde se produjeron los acontecimientos, él saluda, precisa la causa de las muertes de los cuerpos, y dice, quien araña la tierra y bebe su sangre fue la primera en fallecer, tiene ocho estocada en el pecho y en sus glúteos, esta joven fue vilmente asesinada, Valencia interrumpe y exclama tenia el cutis delicado, cintura de de modelo, al estilo de casa blanca, este respira dice que desperdicio. Bobadilla prosigue, quien esta boca arriba al parecer se ejecuto el mismo, un disparo en la cien fue suficiente para no oír ni el eco de su llanto, Bobadilla le pide a los acompañante que le ayuden a virar el cuerpo que esta boca abajo, ellos acceden, levemente virar el cuerpo, Mecía dice, es verdad Valencia que está mujer era bella, quien no desearía unas horas de placer con está diosa salida de uno de esos cuentos de la mitología griega, afuera la impaciencia de Liberato lo empujó hacia la habitación, a los tres pasos quedo anclado como si la tierra se estuviera tragando las estrellas. Exclamo !oh Maciell!, inmediatamente Mecía lo aborda ¿ la conoce? sí, es una cliente asidua al negocio, pero solamente negocio, Él, agacho la cabeza y una lágrima se derramaba por su mejilla izquierda, Bobadilla dice, es tarde prosigamos con el experticio, mientras liberato observaba.

La noche estaba repleta de estrellas y Venus se agigantaba en el infinito espacio como muralla infectada de gloria, algunos visitantes vienen de paso y al percatarse de algo inusual emprenden la huida, como si los fantasmas que rondan el lugar los llamaran a participar de esta fiesta, de esta orgía que recorría los siglos sin excusa para los infectos. Valencia desea un descanso, Mecía expresa vamos a terminar, pues comienza husmear los cuerpos y que da estupefacto por lo que ha descubierto, al subirle el vestido a la dicha Maciell, pudo notar que la ciencia ha destruido toda la esperanza de la humanidad, que ha creado mutantes, autómatas, hombres imperfectos, que las rosas ya no son rosas, sino cactus, que este cuerpo no es de mujer, que tan sólo era un hombre, un hombre lamiendo todo el estiércol del universo, acorralado entre las musas de unos poetas que se atrincheraron en la pasividad del alcohol, y en el asombró, sus ademanes irrumpieron en el principio del autismo , hubiesen querido borrar todo comentarios, defecar en el silencio de un idioma sin historia, pero ya todo estaba dicho, porque estas plegarias de amor la expreso el corazón. Más Liberato en su silencio repelía toda la iniquidad de una sociedad enlodada por burócratas y hombres inflados de patria, de una sociedad invadida de patrones importados y mercadeada en las grandes urbes como esponja del infierno. Y quién podría aliviar todas las inhibiciones de aquel que buscó una doncella en un lugar llamado Paraíso y mordió toda la mugre y el espanto de este motel llamado Estrella y Escarcha.

Fausto Aybar (Liz)

martes, 25 de noviembre de 2008

martes, 11 de noviembre de 2008

Un fantasma sobre su espalda

Un fantasma sobre su espalda



Aún la neblina no se borra de nuestros sueños, esta vereda que nos conduce al otro lado de la pocilga esta intransitable, un murmullo recorre los tejados de algunas casas del pueblo, silbidos y gritos se amontonan al llegar el amanecer, es que aún los gallos de la comarca están soñolientos y no han realizado el ejercicio cotidiano del canto, al parecer todo los gallos estaban de fiesta y aún las campanas de la iglesia esperan por su despertar. Es hora del café, todos hablan de la muerte de algunas señoritas que vivían del otro lado del pueblo, y según contaba el señor Trino, se volvieron mariposas por regalo de Dios, todo quedaron en silencio, pero José Antonio niño enfermizo, que a su diez año vestía la ropa que aun le quedaba desde hace tres año, pregunto ¿Comó que se volvieron mariposas? , estos comentarios del señor Trino le inundaron la cabeza de infinitas ideas sobre como le crecieron las alas a las mariposas, a su diez año no entendía los misterios de la vida, ¿por qué al otro lado del pueblo?, y no cerca del bohío, para el poder deleitarse cuando las mariposas enrumbaran su mirada hacia ese cielo adornado de muñecos fantásticos y ecos remotos.


Todavía es muy tarde, y aún José Antonio sigue agachado frente al río tirando piedrecillas al agua, hojeando sus memorias, esperando que los grillos le brinden un canto uniforme al alba. Hoy a soñado con carretas y caballos, esas carretas que le roban el alma al río, esos caballos que se vuelven cómplices de su muerte. Era un Marte, segunda semana de enero, todos sueñan con las dadivas que nos traerá la vieja Belén, ya que los reyes magos no quisieron enlodarse las pantuflas de oro que compraron en Paris, es día de guardar en la comarca, unos de los sueños de José Antonio es montar a caballo, dejar que el viento le acaricie los parpados, sonreír sin despertar a los ángeles que lo protegen. Hace varios días que amanece vestido del color de la tierra de la tierra mojada, y no entiende porque los pantalones, camisas, medias y hasta los zapatos eran de tan desagradable color, no es que la tierra nos engendre los labios de odios, sino que el lodo nos llena de mugre.


Después de seis meses vestidos del color de la tierra mojada, un día la madre José Antonio entre mimos y caricias le pregunta ¿por qué llora mi niño? No sabéis que tu santo siempre te acompaña y duerme en el hombro izquierdo de tu aliento. Dentro de la brevedad de su sonrisa, puede notar que algunos de reductos de la civilización estaban llegando a la comarca, en algunas casas del pueblo el cebo de flan solamente se utiliza para curar algunas ñañaras de la piel. Han llegado los globos con luciérnagas petrificadas por el tiempo, brillan los bohíos y hasta los fantasmas se ahuyentan al descubrir que no tienen corazón. José Antonio parece no haber despertado, pero le ha llegado uno de esos días que quisiera que se lo tragaran los ladridos de los perros del señor Trino, sus piernas engendran un dolor que pareciese haber habitado en las últimas trincheras del holocausto.


El rocío de las madrugadas está abrigando desde hace una eternidad todas las rosas silvestres que habitan a la orilla del camino que nos conduce al pueblo, ese pueblo que oculta un dolor enraizado en las orugas y las libélulas que en la brevedad, vomitaron mariposas, que terrible fueron esos murciélagos que devoraron sus alas, que bebieron su sangre, que sin pudor quisieron borrar sus huellas, esas huellas que quedarían para siempre en la historia de ese hombre que fusilaba fantasmas. Era hacía ese pueblo, que un día José Antonio tendría que pisar vestido del color de la tierra mojada, adornado por un mayo jubiloso de tanto llanto, tantas horas escondidas en el tiempo.


En la bodega donde los hombres se reúnen a compartir un breve sorbo de alcohol, se habla, que con la llegada del verano también vendrán los días del santo patrón, santo de los afligidos, santo de quien la tierra se ha adueñado sin dejar que su sombra navegue en el espejismo del dolor. José Antonio ya vestido como siempre, una mañana de junio se ve sentado frente a un altar, velas y flores para el santo patrón, algunas sillas deshilachadas, unas plegarías que lo confunden, voces en su espalda, ritos y danzas ungiendo su alma y José Antonio aún duerme y sueña con mariposas y fantasmas, esos fantasmas que dormían sobre su espalda.

Fausto Antonio Aybar (Liz)

Despertar

Despertar


Rompen las olas
las murallas del hambre,
la ciudad envuelta
en el estiércol del tiempo,
millares de sombras hacía
la última ensenada del odio.
Y en la brevedad del asombro,
sangre negra rompiendo con
la terquedad de la historia,
acribillando futuros cementerios
de duendes biométricos y discursos sombríos.

Rompe el llanto
con este silencio en mohecido,
abundancia de carne en nuestros huesos
corroído por una estación de olvido,
rompe el hombre con los prejuicios
de algunas alas invadidas de espinas,
y el ser humano, es más humano,
porque aún esta llorando

Desahogo

Desahogo


Déjame tocar, tocar todo el silencio
que navega entre los murales
de tu piel y reparar a la luz de una lucíernaga
toda la cobardía de mi lengua.

Déjame reír en este solitario
bosque de humano y esparcir mis
fantasmas entre sus edificios agujerados
de olvido.

Tan solo déjame, déjame huir de mis
fantasías, déjame arrinconarme entre tus
labios de unicornio abatido y abrigarme
entre tus alas de mariposa marchita.


Tan solo déjame, déjame huir de mi silencio,
este silencio que acorrala cordilleras,
que naufraga en mis ojos de duende taciturno
y duerme en la sutileza de tu sueño.

lunes, 13 de octubre de 2008

En el nido del ilusionista

En el nido del ilusionista


La ciudad desprendiéndose del tumulto sofocante de la semana, el correr de los niños entre semáforos y semáforos, una noticia recorre los diarios, ha llegado el gran señor, el que cabalga entre ciber espacio y la melancolía de la periferia del barrio de atrás, el que tan solo con una sonrisa podría atraparnos en su red de telaraña. Quien diría que por la noche los fantasmas se acuestan a nuestro lado y nos acarician el vientre sin reparar en el llanto, es que todo estamos en plegaria permanente y las señoras de la iglesia oran sin saber cuantos muertos esconde la historia en su memoria…
Al parecer en la oficina del gendarme ha llegado una visita, esta muy bien vestido, esperando que su vestuario sea acomode a su dote de intelectual, todo murmuran. Entre los pasillos una servidumbre comenta, será el gran notable de la ciudad perdida, o quizás unos de esos que llegan a la ciudad en busca de un ángel para hacer fortuna, sin saber que en los diarios es la gran noticia del día o quizás de toda la historia de nuestras miseria, comienza a hurgar entre papeles invadidos de polillas, adivinar letras que el mecanógrafo del plantel se comió en unos de esos almuerzos clandestinos.



Ayer vi. pasar al señor gendarme, rodeado de señoras y señores, lucia un traje confeccionado por el ilustre don pepe popo, en momento parecía que su piel se desprendía de sus huesos, todo reían hasta la locura y Yam el limpiabotas del barrio no comprendía por que tanto alboroto, pero en su ignorancia pudo notar que el invitado del señor gendarme tenia los zapatos polvazos y mientras todos callaban el se arrastraba en la risa de los olvidados, en su mente pasaban infinitas lubricaciones sobre quien era nuestro invitado, una sombra vestida de color mostaza se le acercó y dijo basta de tanta risa, no ves que ha llegado el progresos a tu miserable vida, cual, el es el progreso, ese es un vendedor de sueños. Mientras la multitud vociferaba, el día se tono oscuro, alguna sillas destartaladas teñían las camisas de los invitados de un color hambriento.



Me había dicho el gallo Peralta, un hombre de valor incuestionable, que en sus años mozos fue un combatiente de la guerra de pueblo agrio, y hoy espera pacientemente en su mecedora una pensión que hace años le pertenece, que todo hablan lindo que se cortan los bigotes para modular los gestos y convencer al pueblo con sus discursos llenos de palabras huecas, parece como sino dieran un brebaje de raíces de los árboles que pueblan el infierno. Parece que las nubes se pusieran de acuerdo para atrofiar el monologo del invitado y callar tantas mentiras con la sutileza de la lluvia y los truenos, alguien echo a correr y entre los tintes diluidos de algunas señoras que habitan en la avenida del ensueño, me pareció oír gritar un niño, tan solo fue el señor pepe popo que con su poco dotes varonil huía de la bendición de la lluvia y el despojo de este discurso maratónico.


Esta lluvia no cesa, los gatos y los perros han hecho una tregua, han decidido compartir el cojín que herméticamente cuidaba lulu. Doña Tere la matrona del barrio de atrás se pronuncio en la tertulia sabatina del café y dijo, este temporal va hacer largo porque mis reumas me llega hasta la quijada, hace diez años que sentí lo mismo dolores y quince día de lluvia y relámpagos fueron suficiente para llenar este pueblo de penuria o quizás mas penuria. En el noticiario pasaban escena como salida de una película las casas inundadas, los ríos reclamando todo las tierra que le pertenecía desde el inicio del inicio, latas de leches, algunos rollos de papel, sardinas, arroz, ese era el señor gendarme siempre recordándose de los hijos de nadie, don gallo Peralta en su mecedora tocándose la nariz exclama, una dadiva mas del señor gendarme y sus grupos de vendedores de sueños, pues todo tiene una razón de ser, clavos para el carpintero y mocha para el labrador.



En la cena de beneficencia los preparativos estaban todo listo, una vez mas pepe popo se encargaba del vestuario de los invitados parecía una fiesta de carnaval, lentejuelas, joyas de la más fina colección de la selva brasileña, zapatos de pieles sintéticas de Italia, esto era un cuento de hada, comidas a granel, perfume y música importada de uno de los anillos de saturno. Entre la confusión el señor gendarme a pareció con su invitado de honor, Mr hoppin, hombre alto, misterioso de porte ingles tan lucido que las letras le brotaban por los cabellos, una fluidez al hablar, todo quedaban boca abierta ante tal alocución, pero era algo que poco se detenían a reflexionar, porque siempre los zapatos polvazos algo que intrigaba a doña Tere y al limpiabotas del barrio de atrás. Pero me dijo tita guara que los hombres lucidos no son los hombres mas honesto, porque si son los mas hábiles.



Ha llegado el otoño a la ciudad, los árboles de almendras y guayabas parecen como recién nacido tocado por la lujuria del viento, en la esquina del barrio un juego de domino nos alivia el hambre. Es que en el trópico todas las estaciones nos parecen iguales, a veces confundimos primavera con el invierno, los repentinos aguaceros nos alejan de las reuniones familiares y laborales, porque el trópico se desplaza en muestro sueños sin tapujos ni comparsa. Me pareció oír a doña Tere con tos de mula, esta quebrantada, tiene varios día que sus paseos son de la cama a la cocina para ser una tisana, de esa que curan hasta la mala suerte.



La voz tronaba, las palomas del parque central volaban despavoridas, una anciana que salía del templo pregunto ¿quien es ese que brama como rinoceronte asustado , nadie respondió, pero era Mr Hoppin dialogando con los intelectuales del árbol de framboyán, también llamado los peñitas del maletín, todo transcurrió entre palabras de diccionarios y los libros polvorientos que Mr Hoppin había traído de la ciudad desconocida, eran esos libros que guardaban todo el secreto de la sabiduría divina. En la ultima calle del barrio alguien asechaba al caer la noche, era don pepe popo detrás de los servicio de los hombres que se vestían de mariposas, quien podría creer que tan ilustrado señor mordía la mugre con tan solo un gemido.



Eran la cinco de la tarde cuando el señor gendarme tomaba el te, en el televisor una noticia triste, don pepe popo famosos diseñador fue asesinado por unos mozalbetes que sin mirar su bondad le perforaron el vientre y se bebieron su sangre como perros que lamen su odio. Este sudaba, algunas lágrimas invisibles se desprendían de su mejilla agrietada por el tiempo, hizo llamar al señor cura que en ese momento le perdonaba todas las culpas futuras a su querida amiga mariposa, del barrio de atrás. Quien a recibido las condolencias y ramos de flores que para fines de protocolo que el señor gendarme a mandado, porque tan solo hasta aquí a llegado el señor cura, gallo Peralta y doña Tere para oír los gritos de unas señoras que nunca habían vivido por aquí y se llenaban los ojos de saliva para fingir sus lagrimas.


Han pasado cinco años y alguien se le ocurrió celebrar el cabo de año del señor pepe popo, doña Tere exclamo en su tertulia sabatina, esa cruz ya no es cruz, solo hierva, los hombres de sacos están muy ocupado en las cifras y las estadísticas de algunos patrones que nunca han bebido un escoses en sosiego, al parecer se avecina una debacle del bolsillo. En su oficina adyacente a la del señor gendarme esta ubicado Mr Hoppin, columnas de papeles le adornan el rostro y el con lente en mano busca minuciosamente una cuchara para mover su café. Es tarde, como siempre las noches son noches porque las bombillas de las calles nunca están encendidas, al otro lado de la ciudad suenan las sirenas, alguien es timado sin pudor y Mr Hoppin en su oficina hace la última observación a la gran lista de voluntarios fiscales. La brisa de navidad nos llena de nostalgia, los tarantines de la plaza están adornados de aguinaldos y frutas, algunos viajeros disfrutan de la última estocada del mar, en la sala de espera se vislumbra un hombre alto, con zancada de soñador, parece tener mas prisa que lo que ya no están, es Mr Hoppin que va de viaje a la ciudad desconocida, tendrá alguien que lo espere, algún mueble viejo o quizás una silla rota postrada en el jardín. Pero al sentarse en la banca de espera cruzo las pierna y todo notaron que los zapatos aun estaban sin lustrar.

viernes, 10 de octubre de 2008

Cuando los indios poblaban el charco

Cuando los indios poblaban el charco



En las aguas turbias del arroyuelo, unos renacuajos chapotean entre los rayos de luces que se escapan de las heridas de estos árboles centenarios. Mas allá del despeñadero está el charco, al frente, el misterioso árbol de javilla que ha permanecido silencioso como si fuese testigo de una historia olvidada. La abuela esta en la cocina junto al fogón, dos jarros enganchados para sacar agua de la tinaja, una voz que resuena en la lejanía , quien será, es tío Enriquillo que viene del conuco vociferando a los perros que perseguían un hurón que hace tiempo se esta comiendo las gallinas de tita guara. Por el sendero donde se llega al rió, siempre esta adornado de flores, las ciguas y los carpinteros hacen nido en las ramas secas, al parecer la familia va a crecer.



En el cuarto de dormir las poncheras están en su lugar, el rosario, un retrato de un santo que alivia el dolor, la abuela sigue arrodillada frente al altar, una lumbrera hecha de aceite y algodón, el bohío se llena de plegaría y entre los setos resuenan las ultimas silabas del padre nuestro, todo sigue en calma la noche es mas densa cuando la luna esta de picara conquistando un cometa. Ayer cuando tomaba el café para ir a trabajar al conuco el abuelo preparaba un cigarro con hoja de naranja agria porque según el, aunque es un placer, alivia los dolores de cabeza. Esta hiervas crecen rápido los cafetales están en sus primeras flores, la abundancia se avecina, en forma glorificante expreso tío Herniquillo con un gran trozo de caña en la boca. Al parecer los perros han olfateado un animal extraño, ladran de una manera inusual, los campesinos en el conuco se persignan no importa lo temprano que sea.


Alla en el sendero donde los árboles se visten de moho, las mariposas se posan en la frialdad de la niebla, corren los caballos cargando sus alganas, pisoteando cada sueño que se oculta entre las brechas de los bohíos y ahí esta Tita guara barriendo la enramada con su escoba de tiriguillo, un titi de los niños hace reunir las gallinas que estaban escarbando para alimentar sus polluelos con algunas lombrices. Aun se oyen los perros ladrando a la distancia, parece no cansarse, en el patio el correteo de los niños ahuyentan las ciguas que se posaban en el guayabal.


La abuela, Mama malita, siempre dormía en el lado izquierdo y a orilla de la cama, parecía una de esas vírgenes que fueron disecados en los tiempos de la inquisición, en sus largos sueños por momentos parecía no estar en la habitación. Corrían los duendes por aquel largo sendero que llevaba al charco y jugueteando entre la maleza de los árboles llevaban a la abuela de las manos como si fuera ave en escapada o caballo al trote entre la neblina. Nunca la abuela hablaba de tan misterioso sueño, se atrincheraba en su mecedora de guamo y al pasar las horas repasaba lentamente su sueño sin espacio para las dudas ni los olvidos. Como siempre en la barbacoa hay un plato de comida para cualquier visitante que pase frente al bohío no importando si esta o no hambriento, son la cinco de la tarde es hora del café, esta de visita por acá tita Mayompa, especialista en el arte de cocer, a recorrido un largo trayecto para llegar hasta el bohío, tita guara comenta están floreciendo los mangos, comadre esa mata que esta frente al camino da los mangos mas dulces de la vereda.



Unas nubes oscuras se ciñen en el horizonte, los pájaros se alborotan, su vuelo de un lado a otro nos dice que mayo esta más cerca, que lo pronosticado por nuestros huesos ya cansados, los nidos están terminados, los pájaros se ocultaran de los relámpagos y truenos que no trae mayo en su vientre, en los caños del bohío las primeras aguas son benditas, la abuela se moja el rostro para que los espíritus abandonen por momento sus guaridas en las empalizadas. De tantas aguas sean llenado los caminos de lodos, los ruedo de los pantalones pesan como pesa la historia en nuestros hombros, en una esquina del bohío el abuelo inclina una silla, toma la postura de un poeta y mira la lluvia caer, escaparse entre las hojas del cafetal.


Por fin la abuela rompe con ese silencio que parece había llevado por siglo entre sus labios, era uno de esos día, después de una intensa lluvia, a la melodía del pilón donde se machaca el café, ella comenta, estenio largos sueños, sueños donde los indio que pueblan el charco me llaman y a veces me tocan, ese charco lleno de oro y diamantes, lleno de orquídeas flamantes, esos indios vestidos como reyes incas, con el pelo tan largo como un arco iris engendrado en la última estación del delirio. Han emergido, hemos hablados, no se en que lengua pero lo hemos hecho, me han ofrecido ser la reina de su charco y ser protegida por el gran árbol de jabilla. Y no se porque cuando los gallos cantan toda esta magia se dilata y me veo frente al fogón atizando algunas brazas.


En el patio se oyen caer los aguacates de la protegida mata del abuelo, al parecer los trozos de yuca los acompañaremos con manteca de cerdo, que aunque no es carne tiene un buen sabor, todo a transcurrido entre el ir y venir de la abuela de la cocina al bohío, las habichuelas no necesitan mas especia que ajo y cilantro o quizás un grano de sal para asentar el gusto. Y quien ha mirado a la distancia, y descubrir que entre los cafetales hay algunas sombras al asecho, ojos fosforescentes que al constratar con algunos rayos de sol nos dejan el alma intoxicada de miedo. Es casi otoño, los árboles se desnudan, como se desnudan los girasoles al postrarse en el silencio, en el charco los indios esperan a la abuela, que algún día a de llegar de ese largo sueño que por sacos de siglo le ha infectado los parpados, que en el lado izquierdo de la cama aún el frió de los rincones no ahuyenta a las luciérnagas, esas luciérnagas que mueren en las lenguas de las salamanquesas.

Fausto Aybar

jueves, 21 de agosto de 2008

EVA, BUSCANDO EL MAR



Eva, Buscando el Mar


Quién ha dicho
que ella nunca ha visto el mar,
burbujas marinas asediando sus sueños,
aromas de sirenas adheridas a su piel,
fabulas de piratas y duendes naufragando
en el silencio oblicuo de su eco.

Quién ha dicho
que ella nunca ha visto el mar,
cuando el mar habita entre sus ojos
de doncella taciturna, cuando de su vientre
emergen voces de barcos fantasmas.

Tal vez nunca ha visto el mar,
nunca ha tocado el silencio de sus olas
nunca ha acariciado la sutileza de su aliento,
y que, de esos poetas que hicieron del mar su tumba,
y a pertrecharon de sal su llanto.


Por qué llorar,
si ella nunca ha visto el mar,
cuando el mar corre vorazmente entre sus
labios y desmenuza en la calidez del trópico
todo el encanto de su tristeza.


Quién ha dicho
que ella nunca ha visto el mar,
cuando el mar dibuja en su sexo
anémonas fosforescentes, cuando de su lengua
brotan anclas invisibles y  palabras olvidadas.

Si, por qué decir que ella
nunca ha visto el mar, cuando el mar
está entre sus ojos, cuando sus ojos son
deshojados por el mar.

jueves, 7 de agosto de 2008

Puertas

Puertas

Y de momentos esas puertas,
puertas donde los ángeles muerden sus orgasmos,
donde la fantasía de los arco iris se inmutan ante
la llegada de una llovizna invisible que golpea los siglos.


Y la he cruzado sin pretender
aniquilar lunas y luciérnagas, tan solo son puertas,
puertas corroídas, quizás olvidadas, llenas de sueños y fantasmas,
interpelando reptiles de esta ciudad devastada.

Y esas puertas, perforadas de ausencia,
lánguidas, retorciéndose entre sus sombras,
ultrajando vientres entre globos blancos,
por que son puertas devoradas por el silencio musical de mi silencio,
por que tan solo son puertas, las puertas del alma.

Liz

jueves, 17 de julio de 2008

Desnudez

Desnudez

He
planificado tu muerte
como planifican las golfas
una migaja de amor en
noche de oprobio.

He
planificado tu vuelo
sin saber si aún queda
espacio para tu libertad .

He
planificado tantas cosas,
que he visto crucifijos rotos
ahogándose en  lágrimas, y mariposas vigías
camuflaje hadas de lodos

He
planificado tu olvido
entres mares de espejos, y a escondida,
entres los edificios poblados de reptiles desnudos.

He
planificado tu llanto
sin saber si aún el corazón
palpita brevemente en la oscuridad de mis ojos.

He
planificado tanto,
que los habitantes humedos que habitan en mi lengua
solo lloran tu aliento,
solo duermen y mueren en el viento.

Liz

viernes, 4 de julio de 2008

Destierro

Yo
quise soñarte ave
pero me sorprendio
la aurora queriendo emigrar
hacia aquellos sueños abatidos
por los recuedos


Quise soñarte luna
pero el universo se llenó
de planetas en coalición
y en el infortunio del cosmo
se destartalaban los besos.

Quise soñarte cielo
o quizas espacio, pero las nubes
se dislocaron formando paises extraños
con habitantes atonitos.

Quise soñarte feliz y estaba triste
tal vez quise soñarte palabra
y moría entre sílabas extrañas.

Quise soñarte sercana
y me arropó la distancia
por eso quise soñarte toda
y a la vez nada
o quizas quise soñarte
tiempo y te quedaste divagando
entre jardines muertos.

Liz

Veneno del holocausto

He
tocado unos labios
que nunca debi de tocar,
veneno del holocausto
para una risa inmortal.


He
dormitado entre brazos
de liendras y de sal,
vientos de un sueño
para un dolor sepulcrar.



Liz

Memoria

Un día despertaré
y encontraré la noticia
esparciendoce como musgo
sobre la tierra,
y la sombra no sera tu sombra,
sera el cielo.
Grandes columnas de unicornios
florecerán bajo tus ojos
pasarán los siglos y
estarán ahí, intangibles, llorando
tus sueños.

Un día despertaré
y entre mis venas
correrá tu nombre,
de mis labios brotarán duendes
y sirenas, mas de tu cielo
la luz del universo.

Angel

Ángel


Ángel
labios que se abrazan,
se disecan, que emergen
entre las lluvias de los sueños,
arco iris de ceniza liberando colores,
musgos de los siglos desterrando la piel,
luciérnagas que habitan en la
oscuridad de tu aliento.

Ángel
sombras durmiendo sobre mi espalda,
fantasma escapando en mil batallas,
semblanzas de tiempos y mariposas,
infinita mudez que nos acorrala

Liz

miércoles, 23 de abril de 2008

Ciudad de neón

Ciudad de neón


Una puerta de cristal
una luna de charol
una silla al entrar,
buenas noches señor
esta ruleta sin control
una falsa al amor
ocho negro, es usted un ganador

Una sombra en el andén
algunas pinturas, no se de quien
el cigarro
el ron
dos cibeles adornadas de neón.


Unos sueños que fórmicas la ilusión
más cartas, señor
o quisiera bailar con este
fantasma tricolor.

Ángeles que ladran
orgasmos de escapadas
esta maquina perfectamente diseñada,
preferiblemente un vodka señor
o algunas hojas que atrofian la razón.

Quisiera algo más señor,
otra copita de ron, estamos
cerrando por favor, un paquete
más, tres bolas para aliviar el dolor.

Un taxi
dos sombras derrotadas
el sol de la mañana
el alba ensangrentada
y en los burdeles y moteles
amores de pasadas.

viernes, 4 de abril de 2008

Noviembre

Nunca he bailado
con las mariposas Noviembre,
sobre el desdén de las sombras
Noviembre esta dormitando,
cuán veloz es el silencio
si en las mañanas un arco iris
de neón se bifurca con el suave
aliento de las flores.


Y aquí como siempre,
un enjambre de soñadores
tratando de vomitar a Noviembre
y enterrarlo bajo sus uñas
que lloran miseria.



Cuantas ninfas corroídas
bajo la ausencia de Noviembre
y como si el cosmo se llenara de ruinas
filas de fantasmas convergen
entre las grietas de Noviembre.

Liz

Plegaria del tiempo

El reloj se ha parado
a la nueve menos quince
desde hace un siglo,
la ciudad envuelta en el manto
mágico de la lluvia,
en los burdeles las orquídias
se orinan en nuestros sueños,
en el bus un repertorio de monólogos
se atrincheran para matar el discurso.

Y el reloj sigue ahí,
sucumbiendo ante el horror
de unos pederastas que se pasean
silencioso por el ciber- espacio
y en los dormitorios destruyen
raíces de tiempos lejanos.
El reloj parece dormir desde hace un siglo,
aquí todo callan, las paredes murmuran
hasta disecar el olvido,
de sombras y espejos se llenan los sueños
por que el reloj no ha muerto,
esta en silencio.

Pequita

Pequita


Después que la noche
desmigaja mis sueños,
pesadillas pasan sobre
mis senderos, al llegar
una sombra lame mis manos
chiquita y tierna
traviesa e inquieta
por momento me inunda
el alma de quietud,
se adhiere a mi piel
como luciérnaga al silencio,
hace descomulgar a los fantasmas
que habitan en este cementerio
de orquídeas y rosas

martes, 1 de abril de 2008

Pequita

Después que la noche
desmigaja mis sueños,
pesadillas pasan sobre
mis sendero, al llegar
una sombra lame mis manos
chiquita y tierna
traviesa e inquieta
por momento me inunda
el alma de quietud,
se adhiere a mi piel
como luciérnaga al silencio,
hace descomulgar a los fantasmas
que habitan en este cementerio
de orquídeas y rosas.
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LIZ

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lunes, 24 de marzo de 2008

Susurando con fantasmas

Ayer estuvo de visita
por acá, la aurora austral,
me invadio con su frío multicolor,
de silencio se llenaron las milicias
burbujeantes del insomio,
parecía sucumbir ante la luz medieval
de algunas estrellas, mas todo permanecía
en mutismo,quien ha tocado mi puerta,
si tan solo sombras me habitan.


Ayer en mis sueños encomtré un huésped,
vestia blanco silvestre
carcajadas de los siglos en su vientre,
en sus labios indelebles restrojos del tiempo,
ayer estuvo por acá, un fantasma
que mordisqueaba mi aliento
con su llanto, mas no reí, tan solo callé

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Memoria

Un día despertaré
y encontraré la noticia
esparciendoce como musgo
sobre la tierra,
y la sombra no sera tu sombra,
sera el cielo.
Grandes columnas de unicornios
florecerán bajo tus ojos
pasarán los siglos y
estarán ahí, intangibles, llorando
tus sueños.
Un día despertaré
y entre mis venas
correrá tu nombre,
de mis labios brotarán duendes
y sirenas, mas de tu cielo
la luz del universo.

viernes, 25 de enero de 2008

Plegaria de amor

Surcando sobre los bordes
del delirio estan mis manos,
posado sobre mi píel
un ruiseñor entona una
breve canción de amor

y en el despliegue magistral
de su sonrisa caigo abatido
por fantasmas de colores.


Fausto Ant Aybar ( Liz )

Amor y avatares

Amor absorbente
amor de continentes inundados
en aquellas noches de turbulentos pasado.

Amor absorbente
amor de eclipses prematuros
y lunas retorcidas
amor de metal, marmol y sombras.

Amor absorbente
amor abatido por cadenas ausentes
amor equilatero y pluscuamperfecto.

Amor absorbente
amor sin distancia
sin espacio
quizás callado
tal vez mutilado
amor de dialectos sbyugados
amor amado
amor atrofiado
amor absorbente y convulsionado.

Att. Liz

Los amos

El suzurro del viento
que vegeta en el bohío
los aplausos de las castañas
sobre el tejado; los amos se fueron a dormir.

Un futón semi-inclinado
frente a nosotros desfilan luciernagas y grillos
parece como una fiesta de colores
en el último peldaño del abismo;
los amos se fueron a dormir.

Allá donde se pierden las sombras
he divisado otras sombras
salamanquesas atrapando mosquitos
arañas tejiendo su muerte; los amos se fueron a dormir.