ESPACIO DEL ARTE ESCRITO Y VISUAL

jueves, 4 de junio de 2009

EN EL ESCUSADO








                                                                ARTE MELIZA AYBAR

UN SUEÑO EN EL ESCUSADO


A las afuera del café todos se reúnen, hablan de los pormenores transcurrido el día anterior, se ríen despavoridamente por las curiosidades de un cliente que al parecer los tragos le hicieron una mala jugada, mas sin saber como indagamos en la directrices del destino, ellos esperan la hora para comenzar a trabajar. Lucy tiene dos meses sin recibir su periodo menstrual pero como no le he extraño, ella sigue las fiestas, a su diecinueve años pretende tragarse el mundo y vomitarlo de un tirón, pasearse por cada parte de su cuerpo ese futuro reprimido que doncellas en las noches de orgías no pudieron detener en esas camas infectadas de olvido. Pero alguien estaba creciendo en su vientre, en silencio, para no despertar los pensamientos suicidas de aquellos que acechan detrás de los muros de la vergüenza. Los amigos como siempre se reúnen después de la jornada para beberse unas cervezas en los bohémicos rincones de la ciudad, allí por el momento olvidaban sus temores, sus crisis tanto emocionales como económicas y Lucy en su arrebato floretea su cuerpo al mejor postor, para ella la belleza se conjugaba de una forma inusual, dos tragos y unos pesos para el final. Algunos de ellos volvían a sus andadas, el sol les multiplicaba sus resacas, al parecer no tenían otro fin mas que el sueño.



Lucy está sorprendida que la limpieza de Dios no ha llegado a su vientre, que entre sus piernas el mar de la fecundidad no ha ido a parar como siempre al vertedero improvisado del barrio, y esto la está atormentando, porque aun siendo toda una mujer, con sus grandes murallas que desinflan al más hostil de los payasos mundanos, que entre sus piernas afloran jardines invadidos de arco iris monosílabos y ecos furibundos, en verdad están sólo un diminuto fragmento que por equivocación de los anarquistas ella aun existe, y el ser que se erige en su vientre ha encontrado voces que quieren justificar que la vida en la miseria no es vida, que los papeles tintados de sangre deben legalizar una memoria históricamente infectada del agravio de los que pretenden construir su patria



Al parecer este libro esta lleno de páginas blancas, los ortodoxos como los liberales pretenden descuartizar estas hojas obsoletas y mugrientas, parece como si un batallón de palabras invadiera por momentos togas y birrete, y como juez que pretende mirar desde la oscuridad algunas sotanas aun expenden ese olor a podredumbre, pero Lucy al huir deja una larga secuela de odios y falsedad, no pretende mas que descargar su carga, carga que nació de las noches de bulevar, de los ritos de amor, un amor enajenado, di sorbido entre sábanas de colores muertos, tan sólo un amor que plagio el amor. Y él buscando en el diccionario la definición de la palabra Mamá, buscando una excusa para quien nunca se excusó, oprimiendo este sueño que al parecer irrumpirá como mosca en el telar, tan solamente pidiendo una oportunidad, tal vez que lo dejen llorar.




Esta noche al parecer los perros de la ciudad predicen un crimen, sus aullidos hacen correr los duendes que se ocultaban entre los maleficio del insomnio, hacen que los muertos se increpen en las tumbas que fueron desalojadas en noches de lluvias turbias, y como inquilino que pretende huir de sus deudas, quien habita en su vientre se oculta en el rincón más oscuro de su alma. Ella, Lucy da rienda suelta a su acto, mira hacia el escusado, al parecer este camino se ha vuelto largo, y que diría en su última peregrinación el apóstol Pablo cuando el camino aun siendo espinoso parecía estar revestido de flores, pero los actos reflexivos no existen y Lucy irrumpe en el escusado, y el inquilino se aferra como héroe a su verdad en el paredón para fusilar en post de la patria nueva, y ella abre su jardín de rosas putrefactas, y él en una caída abismal pretende abrazarse a unos sueños corroídos por aquellos hombres que hirieron el tiempo, abrigarse a esta osamenta agujereada por los siglos.




Y en un nuevo intento de obviar el escusado, él revistió de diademas su llanto, imploró a las animas infinidades de plegarias y al desgarrarse el cordón que nos da la vida, él se adhiere a las paredes del gnosis, ella puja brutalmente, lo desaloja hasta este cementerio liquido, él ultrajado, ella disociada, el escusado atónitamente pasmado, rebuscando entre sus olores nauseabundo repuestas ya olvidadas. El, repatriado, desterrado, hasta posiblemente extraditado, ella sumergida entre alas de ángeles inmundos. Y él, tal vez en su impavidez pregunte

¿ Mami por qué?