ESPACIO DEL ARTE ESCRITO Y VISUAL

lunes, 27 de febrero de 2012

DECLARO QUE.....

DECLARO QUE……

No quiero,
ni necesito tu canto,
ese canto, es el canto
de lo que cantan,
lo que no quieren cantar .
Tal vez prefiera el trinar
de los fósiles herméticos de la noche,
el sonido del agua sobre la tierra herida,
las miradas perdidas de la casuchas vacías.


No necesito,
ni quiero tu canto,
ese fétido canto que recorre
el sueño moribundo, que va tocando
madera en la primogénita soledad.
Perdón, nunca he habitado en
las frías palabras de mármol,
sólo en mis venas navegan
sonrisas de bengalas, pirotécnicos
unicornios de un libro olvidado.


No quiero
ni necesito tu canto,
porque tu canto es el epígrafe
de los difuntos del tiempo,
es la hoja tectónica del llanto,
pues déjame ahogarme en mi murmullo,
ese murmullo de relámpagos,
luz indeleble del sueño,
profecía de un árbol,
susurro del viento.


Fausto Antonio Aybar Ureña.

domingo, 12 de febrero de 2012

OTRO CANTO; HOMBRE, SUEÑO

OTRO CANTO; HOMBRE, SUEÑO

(Miguel Hernández)

Hombre,
polvo de estrella,
sangre,
volcán.
Las fronteras sólo son
para los débiles, el carbón
es el arma mortal de los poetas.

Hombre,
universo feroz,
hidrogeno sobre hidrogeno,
explosión de luz, de las cavernas
emergen gritos de una tierra oprimida,
liquidas metáforas navegan
hacia un horizonte de papel.

Hombre,
raíz,
carne,
tierra,
babel de estiércol,
los dioses no fluyen,
las rosas revientan de tanta soledad,
escuálida la noche, prefiere llorar.

Hombre,
niño,
sueños,
senderos de héroes dormidos,
latidos policromados,
huellas, ampollas del tiempo,
eternamente humano,
los náufragos no sólo son del mar.


Hombre,
cebolla,
pan
y pastor.
Trigo, piel indeleble
de un viento que no envejece,
rayos; transitar de embriones furtivos,
hombre, legado, canto; alma de la patria alambrada.



Fausto Antonio Aybar Ureña

miércoles, 8 de febrero de 2012

RESTO DE UN CANTO




RESTO DE UN CANTO
A
(Miguel Hernández)

Las sombras no habitan en los espejos,
murmuran los colores cuando dos soles se abren.
Vienes del polvo, vas al silencio,
la cárcel no calla a las salamanquesas,
claudicar, no es ni para los muertos,
es para el verbo iracundo y perverso.

Lluvia, sueños de
luciérnagas en un siglo
oscuramente eterno, emergen de tus labios
un horizonte de palabras subyacentes,
una premura, una afección

En el corredizo del tiempo, no hay mutaciones
que puedan deshilar la grandeza de tu canto,
los tránsfugas no habitan en esta historia,
sólo son ademanes en la longevidad del sueño,

 y por cierto, ángeles y  fantasmas 
convergen en una misma rosa.

Y despierta el hombre; 

y con él la palabra.
El sur tiene un olor a olvido, 

un olor a niño yuntero,
a tierra mojada,

No hay mas estrellas en el universo 
que en tu cielo, 
borbotean del oxido lentejuelas de amor, 
del llanto, retoños de una escueta oración.

Fausto Antonio Aybar Ureña