ESPACIO DEL ARTE ESCRITO Y VISUAL

viernes, 27 de diciembre de 2013

EPITAFIO PARA UN HOMBRE DE LUZ

EPITAFIO PARA UN HOMBRE DE LUZ
A la memoria de Manuel Minaya
Emigrante eterno 
   

 Quiero trasladar, a ti, y a tu alma,
trasladarlos de las estresantes calles de Manhattan,
recobrarlos de las ruidosas horas de Wall Street,
despojarlos de la iniquidad Apple and Body blake.
Quiero descontaminarte, desempolvarte, mitigar el dolor
 de los hombres de espejos que habitan en Broadway,
ahuyentar esas luciérnagas invisibles
que pueblan el Central Park,
y sentarme a tu lado, hablar de tiempos lejanos,
bañarnos de risas y cenizas,
romper con el sueño profundo
del invierno que habita en tus huesos.

Quiero  trasladar, a ti, y a tu alma,
desvalijar a New York de tu sombra,
mas no de sus fantasmas,
 beber cada silencio de las mariposas
que mueren en las fauces del Hudson,
recorrer en la distante noche la longevidad Empire State.
Quiero desenterrarte, arrullarte entre flamboyanes y cigarras,
hacer un puente tan largo, que los duendes ebrios
de long Sland, en epígrafes continuos desoven estrellas,
y sobre cada constelación del universo perpetuar tu aliento,
mas del llanto eterno, restos de tierra, para quien fue,
mas que polvo, sueño.


Fausto Antonio Aybar.

sábado, 2 de noviembre de 2013

EPILOGO DE UN ENCUENTRO (POEMA)




                            PINTOR RAMÓN JIMENEZ (DOMINICANO)                                 



EPILOGO DE UN ENCUENTRO 


POEMA DE LA ANTOLOGÍA (PUENTE DE UTOPÍAS)

Los idiomas
fluyen, 
se humedecen, 
se dilatan.
Los equilibristas 
oscilan entre los invisibles recuerdos
de una lágrima;
y pretendo ignorar
migajas, murmullos,
de las noches agraviadas.

Los idiomas 
se contorsionan , enmudecen, 
la piel se diluye;
y rumbo al abismo,
ese perfume de rosas encadenadas,
dos sombras,
pupilas en ascendente orgasmo,
los amantes fallecen,
anárquicamente, desnudos los labios
prefieren dormir.


Los idiomas
aletean,
aúllan,
quebrada el alma,
los noctámbulos decodifican partituras,
la Era, es habitada por alas,
las luciérnagas petrificadas,
no pretenden mutar,
abortado el tiempo,
las sombras no sueñan.

Fausto Antonio Aybar 

domingo, 20 de octubre de 2013

21 DE OCTUBRE DÍA NACIONAL DEL POETA (REPÚBLICA DOMINICANA) GRANDES POETAS DOMINICANOS



MANUEL DEL CABRAL

LA MANO DE ONÁN SE QUEJA

Yo soy el sexo de los condenados.
No el juguete de alcoba que economiza vida.
Yo soy la amante de los que no amaron.
Yo soy la esposa de los miserables.
Soy el minuto antes del suicida.
Sola de amor, mas nunca solitaria,
limitada de piel, saco raíces...
Se me llenan de ángeles los dedos,
se me llenan de sexos no tocados.
Me parezco al silencio de los héroes.
No trabajo con carne solamente...
Va más allá de digital mi oficio.
En mi labor hay un obrero alto...
Un Quijote se ahoga entre mis dedos,
una novia también que no se tuvo.
Yo apenas soy violenta intermediaria,
porque también hay verso en mis temblores,
sonrisas que se cuajan en mi tacto,
misas que se derriten sin iglesias,
discursos fracasados que resbalan,
besos que bajan desde el cráneo a un dedo,
toda la tierra suave en un instante.
Es mi carne que huye de mi carne;
horizontes que saco de una gota,
una gota que junta
todos los ríos en mi piel, borrachos;
un goterón que trae
todas las aguas de un ciclón oculto,
todas las venas que prisión dejaron
y suben con un viento de licores
a mojarse de abismo en cada uña,
a sacarme la vida de mi muerte.


LA CARGA

Mi cuerpo estaba allí... nadie lo usaba.
Yo lo puse a sufrir... le metí un hombre.
Pero este equino triste de materia
si tiene hambre me relincha versos,
si sueña, me patea el horizonte;
lo pongo a discutir y suelta bosques,
sólo a mí se parece cuando besa...
No sé qué hacer con este cuerpo mío,
alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo...
Me lo dieron desnudo, limpio, manso,
era inocente cuando me lo puse,
pero a ratos,
la razón me lo ensucia y lo adorable...
Yo quiero devolverlo como me lo entregaron;
sin embargo,
yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.














HÉCTOR INCHAUSTEGUI CABRAL


EQUIVOCACIÓN DE LOS ÁNGELES 

Eran ángeles fuertes, 
con las manos curtidas 
y dientes de caballo 
detrás de la sonrisa. 

Colgaron el Mal en una rama, 
y la tierra tirando, 
y la cuerda tirando, 
hicieron del mundo una sinfonía. 

Eran ángeles fuertes, 
abiertos los dedos de los pies, 
simples como el agua, 
rudos como el hierro. 

Potente músculos en el ala, 
la frente despejada, 
las manos, de ajusticiar, 
sin resignación encallecidas. 

Eran dos iguales, quizás 
como si un limpio espejo 
entre ellos siempre retratara, 
eran dos y un pensamiento, 
dos gemelas llamas amarillas, 
una sola luz 

En donde tierra por morir se acaba 
detuvieron su paso poderoso; 
paro su canto la avecilla, 
expiraron los aires y perfumes.



CANTO TRISTE A LA PATRIA BIEN AMADA
Patria... 
y en la amplia bandeja del recuerdo, 
dos o tres casi ciudades, 
luego, 
un paisaje movedizo, 
visto desde un auto veloz: 
empalizadas bajas y altos matorrales, 
las casas agobiadas por el peso de los años y la miseria, 
la triste sonrisa de las flores 
que salpican de vivos carmesíes 
las diminutas sendas. 

Una mujer que va arrastrando su fecundidad tremenda, 
un hombre que exprime paciente su inutilidad, 
los asnos y los mulos, 
miserable coloquio del hueso y el pellejo; 
las aves del corral son pluma y canto apenas, 
el sembrado sombra, lo demás es ruina... 

Patria, 
en mi corazón un acerico 
en donde el recuerdo va dejando 
lanzas de bien agudas puntas 
que una vez clavadas temblorosas quedarán 
por los siglos de los siglos. 

Patria, 
sin ríos, 
los treinta mil que vio Las Casas 
están naciendo en mi corazón... 

Patria, 
jaula de bambúes 
para un pájaro mudo que no tiene alas, 
Patria, 
palabra hueca y torpe 
para mí, mientras los hombres 
miren con desprecio las pies sucios y arrugados, 
y maldigan las proles largas, 
y en cada cruce de caminos claven una bandera 
para lucir sus colores nada más... 

Mientras el hombre tenga que arrastrar 
enfermedades y hambre, 
y sus hijos se esparzan por el mundo 
como insectos dañinos, 
y rueden por montañas y sabanas, 
extraños en su tierra, 
no deberá haber sosiego, 
ni deberá haber paz, 
ni es sagrado el ocio, 
y que sea la hartura castigada... 

Mientras haya promiscuidad en el triste aposento campesino 
y sólo se coma por las noches, 
a todo buen dominicano hay que cortarle los párpados 
y llevarle por extraviadas sendas, 
por los ranchos, 
por las cuevas infectas 
y por las fiestas malditas de los hombres... 

Patria, 
y en la amplia bandeja del recuerdo, 
dos o tres casi ciudades, 
luego, 
un paisaje movedizo, 
visto desde un auto veloz: 
empalizadas bajas y altos matorrales...




















PEDRO MIR

Contracanto a Walt Whitman
Contracanto a un célebre poema de Walt Whitman publicado en 1855
con el título de "Canto a mí mismo" (Song of myself) que se inicia así:
"Yo, Walt Whitman, un cosmo, un hijo de Manhattan..."
Yo,
un hijo del Caribe,
precisamente antillano.
Producto primitivo de una ingenua
criatura borinqueña
y un obrero cubano,
nacido justamente, y pobremente,
en suelo quisqueyano.
Recogido de voces,
lleno de pupilas
que a través de las islas se dilatan,
vengo a hablar a Walt Whitman.
Un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Preguntarán
¿quién eres tu?
Comprendo.
Que nadie me pregunte
quien es Walt Whitman.
Irían a sollozar sobre su barba blanca.
Sin embargo,
voy a decir de nuevo quien es Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan.
1
Hubo una vez un territorio puro.
Árboles y terrones sin rubricas ni alambres.
Hubo una vez un territorio sin tacha.
Hace ya muchos años. Mas allá de los padres de los padres
las llanuras jugaban a galopes de búfalos.
Las costas infinitas jugaban a las perlas.
Las rocas desceñían su vientre de diamantes.
Y las lomas jugaban a cabras y gacelas...
Por los claros del bosque la brisa regresaba
cargada de insolencia de ciervos y abedules
Que henchían de simientes los poros de la tarde.
Y era una tierra pura poblada de sorpresa.
Donde un terrón tocaba la semilla
Precipitaba un bosque de dulzura fragante.
Le acometía a veces un frenesí de polen
que exprimían los álamos, los pinos, los abetos,
y enfrascaban en racimos la noche y los paisajes.
Y era minas y bosques y praderas
cundidos de arroyuelos y nubes y animales.
2
(¡Oh, Walt Whitman de barba luminosa...!)
Era el ancho Far-West y el Mississippi y las
Montañas
Rocallosas y el Valle de Kentucky
y las selvas de Maine y las colinas de Vermont
y el llano de las costas y más...
Y solamente
faltaban los delirios del hombre y su cabeza.
Solamente faltaban las palabras
mío
penetrara en las minas y las cuevas
y cayera en el surco y besara la Estrella
Polar. Y cada hombre
llevara sobre el pecho,
bajo el brazo, en las pupilas y en los hombros,
su caudaloso yo,
su permanencia
en sí mismo,
y lo volcara por aquel desenfrenado territorio.
3
Que nadie me pregunte
quien es Walt Whitman.
A través de los siglos
irían a sollozar sobre su barba blanca.
He dicho que diré
y estoy diciendo
quién era el infinito y luminoso
Walt Whitman,
un cosmos,
¡un hijo de Manhattan!
4
Hubo una vez un intachable territorio puro.
Solamente faltaba que la palabra
mío
penetrara su régimen oscuro.
Sin embargo,
el yo que iba a decirla estaba allí
pero cogido
como un pez
en su red de costillas.
Estaba
pero interno, pero adusto y confinado
y amaba y deshojaba sus novias amarillas.
Afuera estaba el firme sistema de la Ley.
Estaba la celosa
regulación de la conducta.
La ley del algodón, la Ley.
la Ley del algodón, la Ley del sueño,
la Ley inglesa, dura y definitiva.
Y apenas
un breve yo surgía entre dos párpados,
se iluminaba el cumplimiento de la Ley.
Y entonces,
cada cual derogaba su yo desestimado
entre el musgo, la sombra, la amapola
y el buey.
5
Y un día
(¡Oh, Walt Whitman de barba insospechada...!)
al pie de la palabra
yo
resplandeció la palabra
Democracia.
Fue un salto.
De repente
el mas recóndito yo
encontró su secreto beneficio
Libertad de Trabajo. Libertad de Conciencia.
Libertad de Palabra. Libertad de Camino.
Libertad de aventura, proyecto y fantasía.
Libertad de fracaso, de amor, y de apellido.
Libertad sin retorno ni vértices ni ortigas.
Libertad de quererme y mirarme en su pupila.
Libertad de la dulce asamblea que tengo en mi
corazón
contigo y con toda la infinita humanidad que rueda a
través
de todas las edades, los años, las tierras, los países,
los credos, los horizontes... y fue la necesaria
instalación de jubilo.
Las colinas desataron luceros y luciérnagas.
Las uvas se embriagaron de vino y de perennidad.
En todo el territorio
se hizo la gran puerta de la oportunidad
y todo el mundo tuvo acceso a la palabra
mío.
6
¡Oh, Walt Whitman de barba sensitiva
era una red al viento!
Vibrada y se llenaba de encendidas figuras
de novia y donceles, de bravos y labriegos,
de rudos mozalbetes, camino del riachuelo,
de guapos con espuelas y mozas con sonrisa,
de marchas presurosas de seres infinitos,
de trenzas o sombreros...
Y tu fuiste escuchado
camino por camino
golpeándoles el pecho
palabra con palabra.
¡Oh, Walt Whitman de barba candorosa,
alcanzo por los años tu ropa llamarada!
7
Los hombres avanzaron con su suerte
robusta y masculina
sudorosa. Pilotearon los
barcos
y los días. En la ruta pelearon con los indios
y las indias. En las noches contaron sus historias
y ciudades. En la brisa colgaron sus camisas
y caminos. En el valle pusieron diligencias
y ciudades. En la brisa colgaron sus camisas
y el olor de los pechos precedentes del hacha
y a veces se extraviaron en las sombras
de los vientres de muchachas...
Aquel territorio fue creciendo hacia arriba
y hacia abajo.
Rascacielos
y minas
se iban alejando de la tierra,
unidos y distantes.
Los más fuertes, los mas iluminados, los mas
capaces de violar un camino, fueron adelante.
Otros quedaron atrás. Pero la marcha
seguida sin sosiego, sin volver la mirada.
Era preciso
confianza en si mismo.
Era preciso
fe.
Y suavemente se forjo la canción:
yo el cow-boy y yo el aventurero
y yo Alvin, yo William con mi nombre y mi suerte de
Baraja,
y yo el predicador con mi voz de barítono
y yo la doncella que tengo mi cara
y yo la meretriz que tengo mi contorno
y yo el comerciante, capitán de mi plata
y yo
el ser humano
en pos de la fortuna para mi, sobre mi,
detrás de mi.
Y con el mundo entero
a mis pies, sometido a mi voz,
recogido en mi espalda
y la estatura de la cordillera yo
y las espigas de la llanura yo
y el resplandor de los arado yo
y las orillas de los arroyos yo
y el corazón de la amatista yo
y yo
¡Walt Whitman
un cosmos,
un hijo de Manhattan...!
8
¡Secreta maravilla de una historia que nace...!
Con aquel ancho grito
fue construida una nación gigante,
Formada de relatos y naciones pequeñas
que entonces se encontraban como el mundo
entre dos grandes mares...
Y luego
se ha llenado de golfos, islotes y ballenas
esclavos, argonautas y esquimales...
Por los mares bravíos
empezó a transitar el clíper yanqui,
en tierra se elevaron estructuras de aceros,
se escribieron poemas y códigos y mármoles
y aquella nación obtuvo sus ardientes batallas
y sus fechas gloriosas y sus héroes totales
que tenían aun entre los labios
la fragancia
y el zumo
de la tierra olorosa con que hacían su pan
su trayecto y su equipaje...
Y aquella fue una gran nación de rumbos y albedríos.
Y el yo
-la rotación de todos los espejos
sobre una sola imagen-
halló su prodigioso mensaje primitivo
en un inmenso, puro, territorio intachable
que lloraba la ausencia de la palabra
mío.
9
Porque
¿qué ha sido un gran poeta indeclinable
sino un estanque límpido
donde un pueblo descubre su perfecto
semblante?
¿Qué ha sido
sino un parque sumergido
donde todos los hombres se reconocen
por el lenguaje?
¿Y que
sino una cuerda de infinita guitarra
donde pulsan los dedos de los pueblos
su sencilla, su propia, su fuerte y
verdadera canción innumerable?
Por eso tu, numeroso Walt Whitman, que viste y
deliraste
la palabra precisa para cantar tu pueblo,
que en medio de la noche dijiste
yo
y el pescador se comprendió en su carpa
y el cazador se oyó en mitad de su disparo
y el leñador se conoció en su hacha
y el labriego en su semblante amarillo sobre el agua
y la doncella en su ciudad futura
que crece y que madura
bajo la saya
y la meretriz en su fuente de alegría
y el minero de sombra en mis pasos debajo de la
patria...
cuando el alto predicador, bajando la cabeza,
entre dos largas manos decía,
yo
el pueblo entero se escucha en ti mismo
cuando escuchaba la palabra
yo, Walt Whitman, un cosmos,
¡un hijo de Manhattan...!
Porque tu eras el pueblo, tu eras yo,
y yo era la Democracia, el apellido del pueblo,
y yo era también Walt Whitman, un cosmos,
¡un hijo de Manhattan!
10
Nadie supo que noche desgreñada,
un rostro frio, de bajo celentéreo,
se halló en una moneda. Que reseco semblante
se pareció de pronto a un circulo metálico y sonoro.
Que cara seca vió en circulación de mano en mano
que seca boca dijo de pronto
yo.
Y empezó a conjugarse, a cumplirse y a multiplicarse
en todas las monedas.
En moneda de oro, de cobre , de níquel,
en moneda de mano, de venas de vírgenes
de labradores y pastores, de cabreros y albañiles.
Nadie supo quien fue el desceñido primero.
Mas se le vió otra mano comprar la conciencia.
Y del fondo de los ríos, de los barrancos, de la
médula
de los arbustos, del filo de las cordilleras,
pasando por torrentes de sudor y de sangre,
surgieron entonces los Bancos, los Truts,
los monopolios,
las Corporaciones.... Y, cuando nadie lo supo
fueron a dar allí la cara de la niña y el corazón
del aventurero y las cabriolas del cow-boy y los
anhelos
del pioneer... y todo aquel inmenso territorio
empezó a circular por las cajas de los Bancos, los
libros
de las Corporaciones, las oficinas de los rascacielos,
las maquinas de calcular...
y ya:
se le vió una mañana adquirir la gran puerta de la
oportunidad
y ya mas nadie tuvo acceso a la palabra mío
y ya mas nadie ha comprendido la palabra yo.
11
Preguntadlo a la noche y al vino y a la aurora...
Por detrás de las colinas de Vermont, los llanos de
las costas
por el ancho Far-West y las montañas Rocallosas,
por el valle de Kentucky y las selvas de Maine.
Atravesad las fábricas de muebles y automóviles, los
muelles,
las minas, las casas de apartamentos, los
ascensores
celestiales,
los lupanares, los instrumentos de los artistas;
buscad un piano oscuro, revolved las cuerdas,
los martillos, el teclado, rompedle el arpa silenciosa
y tiradla sobre los últimos raíles de la madruga...
Inútilmente.
No encontrareis el limpio acento de la palabra
yo.
Quebrad un teléfono y un disco de baquelita,
arrancadle los alambres a un altoparlante nocturno,
sacad al sol el alma de un violín Stradivarius...
Inútilmente.
No encontrareis el limpio acento de la palabra
yo
(¡Oh, Walt Whitman de barba desgarrada!)
¡Que de rostros caídos, que de lenguas atadas,
que de vencidos hígados y arterias derrotadas...!
No encontrareis
mas nunca
el acento sin mancha
de la palabra
yo.
12
Ahora,
escuchadme bien:
si alguien quiere encontrar de nuevo
la antigua palabra
yo
vaya a la calle del oro, vaya a Wall Street.
No preguntéis por MR. Babbitt. El os lo dirá.
- Yo , babbitt, un cosmos,
un hijo de Manhattan.
El os lo dirá
- Traedme las Antillas.
sobre varios calibres presurosos,, sobre cintas
de ametralladoras, sobre los caterpillares de los
tanques
traedme las Antillas.
Y en medio de un aroma silenciosa
allá viene la isla de Santo Domingo
- Traedme la América Central.
Y en medio de un aroma pavorosa
allá viene callada Nicaragua
- Traedme la América del Sur
Y en medio de un aroma pesarosa
allá viene cojeando Venezuela.
Y en medio de un celeste bogotazo
allá viene cayendo Colombia.
Allá viene cayendo Ecuador.
Allá viene cayendo Brasil.
Allá viene cayendo Puerto Rico.
En medio de un volumen salino
allá viene cayendo Chile...
Vienen todos. Allá vienen cayendo.
Cuba trae su dolo envuelto en un estremecimiento
de comparsas.
México trae su rencor envuelto en una sola mirada
fronteriza
Y Haití, Uruguay y Paraguay, vienen cayendo.
Y Guatemala, El Salvador y Panamá, vienen cayendo.
Vienen todos. Vienen cayendo
No preguntéis por Mr. Babbit, os lo he dicho.
- Traedme todos esos pueblos en azúcar, en nitrato,
en estaño, en petróleo, en bananas,
en almíbar.
traedme todos esos pueblos.
No preguntéis por Mr. Babbitt, os lo he dicho.
Vienen todos, vienen cayendo.
13
Si queréis encontrar el duro acento moderno
de la palabra
yo
id a Santo Domingo.
Pasad por Nicaragua. Preguntad en Honduras.
Escuchad al Perú, a Bolivia, a la Argentina.
Dondequiera hallareis un capita sonoro
un yo.
Un jefe luminoso
un yo, un cosmos,
Un hombre providencial
un yo, un cosmos, un hijo de su
patria.
Y en medio de la noche fragorosa de la América
escuchareis, detrás de madureces y fragancia
mezclada con sordos quejidos, con blasfemia y
gritos,
con sollozos y puños, con largas lagrimas y largas
aristas y maldiciones largas
un yo, Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Una canción antigua convertida en razón de fuerza
entre los engranajes de las factorías, en las calles
de la ciudad. Un yo, un cosmos en las
guardarrayas,
Y en los vagones y en los molinos de los centrales.
Una canción antigua convertida en razón de sangre y
de miseria
un yo, un Walt Whitman, un cosmos,
¡un hijo de Manhattan ...!
14
Porque
¿qué ha sido la ventura de los pueblos
sino un cambio continuo, un movimiento
eterno,
un fuego infinito que se enciende y que se
apaga?
¿Qué ha sido
sino un chorro incontenido,
espejo ayer de oteros y palmares,
hoy nube blanca?
¿Y que
sino una brega infatigable
en que hoy manda un puñado de golosos
y mañana los puños deliciosos,
fragantes y frenéticos del pueblo
innumerable?
Por eso tu, innumero, Walt Whitman,
que en mitad de la noche dijiste
yo
y el herrero sonoro se descubrió en la llama
y el forjador y el fogonero
y el cuidador del faro, celeste de miradas
y el fundidor y el leñero
y la niña celeste colando la alborada
y el pionero y el bombero
y el cochero y el aventurero y el arriero...
Tu,
que en medio de la noche dijiste
Yo, Walt Whitman, un cosmos,
un hijo de Manhattan
y un pueblo entero se descubrió en tu lengua
y se lanzo de lleno a construir su casa
hoy,
que ha perdido su casa,
hoy,
que tiene un puñado de golosos sonrientes y
engreídos,
hoy
que ha cambiado el fuego infinito que se
enciende y que se apaga
hoy...
hoy no te reconoce
desgarrado Walt Whitman,
porque tu signo esta guardado en las cajas de los
Bancos,
porque tu voz esta en las islas guardadas por
arrecifes
de bayonetas y puñales,
porque tu voz inunda los decretos y los centro de
Beneficencia
y los juegos de lotería,
porque hoy
cuando un magnate sonrosado,
en medio de la noche cósmica,
desenfrenadamente dice
yo
detrás de su garganta se escucha el ruido de la
muchedumbre
ensangrentada explota refugiada
que torvamente dice
tu
y escupe sangre entre los engranajes,
en las fronteras y las guardarrayas...
¡Oh, Walt Whitman de barba interminable!
15
Y ahora
ya no es la palabra
yo
la palabra cumplida
la palabra de toque para empezar el mundo.
Y ahora
ahora es la palabra
nosotros.
Y ahora,
ahora es llegada la hora del Contracanto.
Nosotros los ferroviarios,
nosotros los estudiantes,
nosotros los mineros,
nosotros los campesinos
nosotros los pobres de la tierra,
los pobladores del mundo
los héroes del trabajo cotidiano
con nuestro amor y con nuestro puños,
enamorados de la esperanza.
Nosotros los blancos,
los negros y amarillos,
los indios, los cobrizos
los moros y morenos
los rojos y aceitunados
los rubios y los platinos
unificados por el trabajo
por la miseria, por el silencio,
por el grito de un hombre solitario
que en medio de la noche,
con un perfecto látigo,
con un salario oscuro,
con un puñal de oro y un semblante de hierro,
desenfrenadamente grita
yo
y siente el eco cristalino
de una ducha de sangre
que decididamente se alimenta en
nosotros
y en medio de los muelles alejándose
nosotros
y al pie del horizonte de las fabricas
nosotros
y en la flor y en los cuadros y en los túneles
nosotros
y en la alta estructura camino de las orbitas
nosotros
camino de los mármoles
nosotros
camino de las cárceles
nosotros...
16
Y un día,
en medio del asombro mas grande de la historia,
pasando a través de muros y murallas
la risa y la victoria.
encendiendo candiles de jubilo en los ojos
y en los túneles y en los escombros,
¡Oh Walt Whitman de barba nuestra y definitiva!
Nosotros para nosotros, sobre nosotros
y delante de nosotros...
Recogeremos puños y semilleros de todos los pueblos
y en carrera de hombros y brazos reunidos
los plantaremos repentinamente
en las calles de Chile, de Ecuador, y Colombia,
de Perú y Paraguay
de El Salvador y Brasil,
en los suburbios de Buenos Aires y de La Habana
y allá en Macorís del Mar, pueblo pequeño y mío
hondo rincón de aguas perdidas en el Caribe,
donde la sangre tiene
ciertos rumor de hélices quebrándose en el río...
¡Oh Walt Whitman de estampa proletaria!
Por las calles de Honduras y Uruguay.
Por los campo de Haití y los rumbos de Venezuela.
En plena Guatemala con su joven espiga.
En Costa Rica y en Panamá
En Bolivia, en Jamaica y dondequiera,
dondequiera que un hombre de trabajo
se trague la sonrisa,
se muerda la mirada.
escupa la garganta silenciosa
en la faz del fusil y del jornal
¡OH, Walt Whitman!
Blanqueciendo el corazón de nuestros días delante de
nosotros,
nosotros y nosotros y nosotros.
17
¿Por qué queríais escuchar a un poeta?
Estoy hablando con uno y con otros.
Con aquellos que vinieron a apartarlo de su pueblo,
a separarlo de su sangre y de su tierra,
a inundarle su camino.
Aquellos que lo inscribieron en el ejercito.
Los que violaron su barba luminosa y le pusieron un
fusil
sobre sus hombros cargados de doncellas y pioneros.
Los que no quieren a Walt Whitman el demócrata,
sino a un tal Whitman atómico y salvaje.
Los que quieren ponerle zapatones
para aplastar la cabeza de los pueblos.
Moler en sangre las sienes de las niñas.
Desintegrar en átomos las fibras del abuelo.
Los que toman la lengua de Walt Whitman
por signo de metralla,
por bandera de fuego.
¡No, Walt Whitman, aquí están los poetas de hoy
levantados para justificarte!
" - ¡Poetas venidos, levantaos, porque vosotros debéis
justificarme!"
Aquí estamos, Walt Whitman, para justificarte.
Aquí estamos
por ti
pidiendo paz.
La paz que requieras
para empujar el mundo con tu canto.
Aquí estamos
salvando tus colinas de Vermouth.
tus selvas de Maine, el zumo y la fragancia de tu
tierra,
tus guapos con espuelas, tus mazas con sonrisas,
tus rudos mozalbetes camino del riachuelo.
Salvándolos, Walt Whitman, de los traficantes
que toman tu lenguaje por lenguaje de guerra.
¡No, Walt Whitman, aquí están los poetas de hoy,
los obreros de hoy, los pioneros de hoy, los
campesinos
de hoy,
firmes y levantados para justificarte!
¡Oh, Walt Whitman de barba levantada!
Aquí estamos sin barba,
sin brazos, sin oídos,
sin fuerzas en los labios,
mirando de reojo,
rojo y perseguidos,
llenos de pupilas
que a través de las islas se dilatan,
llenos de coraje, de nudos de soberbia
que a través de los pueblos se desatan,
con tu signo y tu idioma de Walt Whitman
aquí estamos
en pie
para justificarte,
¡continuo compañero de Manhattan!


Amén de mariposas

Primer Tiempo
Cuando supe que habían caído las tres hermanas Mirabal
me dije:
la sociedad establecida ha muerto.
(Lapislázuli a cuento de todo emblema ruidoso
mentís en A referido a un imperio en agonía
y cuanto ha sido conocido desde entonces
me dije
y cuanto ha sido comprendido desde entonces
me dije
es que la sociedad establecida ha muerto)
Comprendí
que muchas unidades navales alrededor del mundo
inician su naufragio
en medio de la espuma
pensadora
y que grandes ejércitos reconocidos en el planeta
comienzan a derramarse
en el regazo de la duda
pesarosa
Es que
hay columnas de mármol impetuoso no rendidas al tiempo
y pirámides absolutas erigidas sobre las civilizaciones
que no pueden resistir la muerte de ciertas mariposas.
Cuando supe que tres de los espejos de la sociedad
tres respetos del abrazo y orgullo de los hombres
tres y entonces madres
    y comienzo del día
habían caído
asesinadas
¡oh asesinadas!
a pesar de sus telares en sonrisa
a pesar de sus abriles en riachuelo
a pesar de sus neblinas en reposo
(y todo el día lleno de grandes ojos abiertos)
roto el cráneo
despedazado el vientre
partida la plegaria
¡oh asesinadas!
comprendí que el asesinato como bestia incendiada
por la cola
no se detendría ya
ante ninguna puerta de concordia
ante ninguna persiana de ternura
ante ningún dintel ni balaustrada
ni ante paredes
ni ante rendijas
ni ante paroxismo
de los progenitores iniciales
porque a partir de entonces el plomo perdió su rumbo
y el sentido su rango
y solo quedaba en pie
la Humanidad
emplazada a durar sobre este punto
escandaloso
de la inmensidad
del Universo
Supe entonces que el asesinato ocupaba el lugar del
pensamiento
que en la luz de la casa
comenzaba a aclimatarse
el puerco cimarrón
y la araña peluda
que la lechuza se instalaba en la escuela
que en los parques infantiles
se aposentaba el hurón
y el tiburón en las fuentes
y engranaje y puñal
y muñón y muletas
en los copos y de la cunas
o que empezaba entonces la época rotunda
del bien y del mal
desnudos
frente a frente
conminados a una sola
implacable definitiva
decidida victoria
       muerte a muerte
¡Oh asesinadas!
        No era una vez
porque no puedo contar la historia de los hombres
que cayeron en Maimón
y Estero Hondo
a unos pocos disparos de Constanza
en el mismo corazón del año 1959
puesto que todo el mundo sabe que somos el silencio
aun en horas de infortunio.
No era una vez porque no puedo contar la historia
de este viejo país del que brotó la América Latina
puesto que todo el mundo sabe que brotó de sus vértebras
en una noche metálica denominada
      silencio
de una vértebra llamada Esclavitud
de otra vértebra llamada Encomienda
de otra vértebra llamada Ingenio
y que de una gran vértebra dorsal le descendió completa
   la Doctrina de Monroe.
No contaré esta historia porque era una vez no la primera
que los hombres caían como caen los hombres con un
gesto de fecundidad
para dotar de purísima sangre los músculos de la tierra.
La espada tiene una espiga
la espiga tiene una espera
la espera tiene una sangre
que invade la verdadera
que invade el cañaveral
litoral y cordillera
y a todos se nos parece
de perfil en la bandera
la espiga tiene una espada
la espada una calavera.

Pero un día se supo que tres veces el crepúsculo
tres veces el equilibrio de la maternidad
tres la continuación de nuestros territorio
sobre la superficie de los niños adyacentes
reconocidas las tres en la movida fiebre
de los regazos y los biberones
protegidas las tres por la andadura
de su maternidad navegadora
navegable
por el espejo de su matrimonio
por la certeza de su vecindario
por la armonía de su crecimiento
y su triple escuela de amparo
habían caído en un mismo silencio asesinadas
y eran las tres hermanas Mirabal
¡oh asesinadas!
entonces se supo que ya no quedaba más
que dentro de los cañones había pavor
que la pólvora tenía miedo
que el estampido sudaba espanto
y el plomo lividez
y que entrábamos de lleno en la agonía de una edad
que esto era el desenlace de la Era Cristiana.

¡Oh dormidas!
¡oh delicadas!
qué injuria de meditar.
El mes de noviembre descendía sobre los hombros
como los árboles aún debajo de la noche y aún
dando
sombra.
¡Oh eternas!
El péndulo palpitaba las horas del municipio
y el pequeño reloj destilaba en silencio gota a gota
veinticinco visiones de una día llamado noviembre.
Pero aún no era el fin
¡oh dormidas!
aún no era el fin
no era el fin

Segundo Tiempo
Cuando supe que una pequeña inflamación del suelo
en el Cementerio de Arlington
se cubría de flores y manojos de lágrimas
con insistencia de pabellones y caballos nocturnos
alrededor de un toque de afligida trompeta
cuando todo periódico se abría en esas paginas
cuando se hicieron rojas todas las rosas amarillas
en Dallas
en Texas
me dije
   como era presidencial
el nuevo mes de noviembre
ya millones de seres tocaron lo imposible
ya millones de seres ya millones de estatuas ya
     millones
          de muros de columnas y de máquinas
comprendieron de súbito
    que el asesinato
no ha sido
ni un fragmento de minuto
calculado solamente para las cabezas semicoloniales
y sustantivas
de las tres hermanas Mirabal
sino
que este inédito estilo de la muerte
producto de las manos de los hombres
de manos de hermanos
(para todo el siglo)
muerte sana y artesana
(para todo el mundo)
provista de catálogo
(para todo el tiempo)
de numero de serie o serial number
y venida de fuera o made in usa
fría inalterable desdeñosa desde arriba desde
entonces
esta muerte
esta muerte
esta muerte
asume contenido universal
forzosamente adscrita a la condición
del ser humano
en cuyo espectro solar figuran todas las formulas
personales
y todas las instancias puras
del individuo
tal
      como va por la calle
como habitante de la ciudad con todo su derecho
como
continuador esencial del índice de población o séase
representante manufacturero indiferente agente de
seguros repartidor de leche asalariado guarda
campestre administrador o sabio poeta o portador
de una botella de entusiasmo etílico donde están
convocadas todas las palabras
ciclamen platabanda metempsicosis
canícula claudia clavicémbalo
cartulario venático vejiga
trepa caterva mequetrefe
primicia verdulero postulante
palabras todas sustitutivas
palabras pronunciables
en lugar de presuntas actitudes
y todas las maldiciones y protestas
y las posiciones geométricas igual
que la rotura del sentido igual
que la rotura de una biela igual
que el desgarrón de la barriga igual
mente todo desquiciado y ron
pido todo maligno y amargo
todo reducido a sombra
y nadidad y oscuridad
  y estadidad
palabras mentirosas llenas
de contenido impronunciable
y desechos de organismo
de cualquier muchacha igual
que de cualquier cochero igual
que el choque de la portezuela
del catafalco igual
fue esta universal investidura de la que no esta exento
nadie nadie
ni yo
ni tu
ni nosotros ni ellos ni nadie
podridamente nadie
nadie
desde el mismo momento que fueron golpeadas
ciertamente
profesionalmente
maquinalmente
tres de las hermanas Mirabal
hasta llegar
en punto
exactamente
al
fin fin fin
de la Era
Cristiana

(Oigamos
oigamos
esto retumba en el
más
absoluto silencio
muchas unidades navales en todos los océanos inician
su hundimiento después
de deglutir los archipiélagos
de miel envenenada
grandes ejércitos destacados en la entrada del mundo
comienzan a reintegrarse
a sus viejos orígenes
de sudor y clamor
en el seno de las masas
populares
en el más
en el más categórico y el más
absoluto
silencio)

Porque
hay columnas de mármol impetuoso no rendidas al tiempo
y pirámides absolutas erigidas sobre las civilizaciones
que no pueden resistir la muerte de ciertas mariposas
y calles enteras de urbes imperiales llenas de transeúntes
sostenidas desde la base por tirantes y cuerdas de armonía
de padre a hija de joven a jovenzuela de escultor a modelo
y artilleros atormentados por la duda bajo el cráneo
cuyas miradas vuelan millares de leguas sobre el horizonte
para alcanzar un rostro flotante más allá de los mares
y camioneros rubios de grandes ojos azules
obviamente veloces
que son los que dibujan o trazan las grandes carreteras
y transportan la grasa que engendra las bombas nucleares
y portaviones nuevos de planchas adineradas invencibles
insospechablemente unidos al rumbo del acero y del petróleo
y gigantes de miedo y fronteras de radas y divisiones aéreas
y artefactos electrónicos y máquinas infernales dirigidas
de la tierra hacia el mar y del cielo a la tierra y viceversa
que no pueden resistir
la muerte
de ciertas
mariposas
porque la vida entera se sostiene sobre un eje de sangre
y hay pirámides muertas sobre el suelo que humillaron
porque el asesinato tiene que respetar si quiere ser respetado
y los grandes imperios deben medir sus pasos respetuosos
porque lo necesariamente débil es lo necesariamente fuerte
cuando la sociedad establecida muere por los cuatros costados
cuando hay una hora en los relojes antiguos y los modernos
que anuncia que los mas grandes imperios del planeta
no pueden resistir la muerte muerte
de ciertas ciertas
debilidades amén
de mariposas























FABIO FIALLO

For Ever 
A Juan T. Mejía y Porfirio Herrera
Cuando esta frágil copa de mi vida,
que de hermosuras rebosó el destino,
en la revuelta bacanal del mundo
ruede en pedazos, no lloréis, amigos.
Haced de un rincón del Cementerio,
sin cruz ni mármol, mi postrer asilo,
después, ¡oh! mis alegres camaradas,
          seguid vuestro camino.
Allí, solo, mi amada misteriosa,
bajo el sudario inmenso del olvido,
¡cuán corta encontraré la noche eterna
para soñar contigo!



Gólgota Rosa
A Ana María Menocal
Del cuello de la amada pende un Cristo,
joyel en oro de un buril genial,
y parece este Cristo en su agonía
dichoso de la vida al expirar.
Tienen sus dulces ojos moribundos
tal expresión de gozo mundanal,
que a veces pienso si el genial artista
dióle a su Cristo alma de don Juan.
Hay en la frente inclinación equívoca,
curiosidad astuta en el mirar,
y la intención del labio, si es de angustia,
al mismo tiempo es contracción sensual.
¡Oh, pequeño Jesús Crucificado!,
déjame a mí morir en tu lugar,
sobre la tentación de ese Calvario
hecho en las dos colinas de un rosal.
Dame tu puesto, o teme que mi mano
con impulso de arranque pasional,
la faz te vuelva contra el cielo y cambie
la oblicua dirección de tu mirar.