ESPACIO DEL ARTE ESCRITO Y VISUAL

jueves, 28 de junio de 2018

ENTRE POETAS (LECTURA)


                                                          Lectura de Amelia Prieto




                                                        Lectura de Ana Maria Garrido



                                                                   Lectura de Amelia Prieto


                                                                     Lectura Alfred Asís


                                                             Lectura Ana Maria Garrido

martes, 19 de junio de 2018

Y DALE CON COLORIN, COLORADO






“Y DALE CON COLORIN, COLORADO”


Erase una vez.
-          Jajajaja, ¿Pero tú me crees un estúpido?
-          Eso es lo mismo que había una vez.
-          Oye, yo soy el escritor, inicio como se me da la gana el cuento.
-          Bueno, déjese de eso, yo lo cuento o no hay cuento, entendido.

Lo sucedido fue,  estando mi hermana con su niña en la emergencia del hospital, que por cierto la niña sufre de asma, al tocarle el turno a la niña, ya en el cubículo, llega la doctora, procede a chequear a la niña, la cual tiene una complicación asmática, la doctora llama a mi hermana a una esquina del cubículo, y les dice.

-          Doña, perdone, no tenemos mascarilla para nebulizar
-          ¡Comooo!
-          Así es, pero enfrente hay una farmacia, compre una por favor
-           ¡Ahhh! pero es que esto es un negocio, y ahora, yo sin dinero.

Mi hermana quedo atónita, impotente, no podía comprender nada, me llamo, me explico lo sucedido. Yo salí rumbo al hospital. Pero déjenme decirle, que en el mismo momento de la llamada; estaba viendo un documental sobre un tal Maradona, verdaderamente que ese tipo era un come hígado, es decir todo un crack.  Bueno, llegue al hospital, mi hermana lloraba, para que decir “pasó la de madre”. Entonces fui a la farmacia compre la mascarilla, y como un maldito anarquista en medio del salón de recepción grite: ¡Diablooo!, esto es una basura, y eso, que esta es la principal prioridad de los políticos, darle salud al pueblo, buenos ladrones.

-          Pues….
-          Oye, no me venga con colorin, colorado.
-          Entonces, dime  algo.
-          ¿Crees tú, que la vida es sólo cuento?
-          Eh, eh, eh.
No joda nadie,  en esta imitación de macondo, cualquier pela fután puede ser………..              


lunes, 11 de junio de 2018

¡Recuerdaaa! "Lo llevo de fundita" (Cuento)



MAS QUE CUENTO

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¡Recuerdaaa! "Lo llevo de fundita"

Llegó ensacado, abrió la puerta, fue directo al mostrador, pidió un helado revestido de chocolate. Especificó, exclusivamente de mantecado, y una servilleta por favor.
Ese era Luis, como siempre, presumiendo de modesto. Tomó asiento para degustar de aquel rico helado. Del otro lado del cristal bajo un asfixiante sol un niño vocifera: “de fundita, para el calor, lo llevo de fundita”.

Luis lo observa, el niño lo mira, Luis murmura en voz baja, como es posible que alguien pueda comer esa porquería. Han pasado unos minutos, alguien se asoma al niño y dice: dame uno, el niño pregunta; ¿de batata o tamarindo?

Quién diría que años atrás ese helado de fundita llenaría de gloria a un mortal, pero Luis al parecer sufre de amnesia, es que hoy Luis es un eminente abogado. Los cristales se humedecen por el aire frío del local, una migaja del revestido de chocolate cae sobre la mesa, Luis audazmente la toma, la ingiere, los clientes murmuran en silencio, el señor que maneja el ojo electrónico aplaude la acción, ¡sorpresa¡ es ahí un pedante, verdaderamente; el señor no paraba de reír. Desde el otro lado del cristal el niño sonríe. Quien diría; que entre tantos libros, hay una corbata rumbo a la lavandería.

Fausto Antonio Aybar Ureña.

miércoles, 6 de junio de 2018

POR UN PÈLITO... (CUENTO)


                                                              MAS QUE CUENTO 





POR UN PELITO.....

-       -  ¿Qué coñ…. usted está mirando?
-         
-        -   Maldito degenerado.


Esa fue la repuesta de Diana a la mirada incisiva de aquel hombre con semblante de depredador sexual. En la guagua no cabía un alma más, todo esperaban la bofetada, olores refrescantes e intoxicantes  se mezclaban con el yodo. El cobrador de la guagua como un malabarista con instinto suicidad, pretendía romper con la ley de gravedad, vociferaba a todo pulmón en el trayecto, “La Ureña, valiente, la caleta”. Pero Diana permanecía ausente, buscando entre los recuerdos. Una voz le recalcaba:   *terminar con esto ya,  no hay razón para seguir aquí*. En la velocidad los arboles iban desapareciendo, las sombras de los vehículos parecían colisionar al tomar las curvas cerradas. Ella, Diana, era un volcán en punto de erupción. De repente con voz enérgica alguien grita, “parada, parada” la guagua se detiene, ella sale violentamente, corrió rumbo al mar; la decisión estaba tomada, se lanzó, hay un espacio interminable entre el mar y la muerte, los recuerdos se aglomeraron violentamente, todo era azul, el mar abrió sus fauces para degustar de una víctima más de la depresión. Quien diría, al parecer, siempre hay ángeles rondando  estos lugares. Un tierno eco en el aire se esparce ¡Paaa sálvala, sálvala que se ahoga! Él se lanza al mar, el mar  no estaba dispuesto a dejar  ir su presa, porque ya no era mar, era una vasta extensión de acero fundido.  La batalla fue hasta el cansancio, Diana en su agonía rompió el trance, ve una sombra liquida luchando contra el mar, era el ángel, ella en un grito desesperado exclama; me ahogo, no me deje ir, él se la arranca al mar de sus fauces voraz, ella suspira. Ciertamente; no es lo mismo llamarlo que verlo llegar. 

Fausto Antonio Aybar Ureña.