ESPACIO DEL ARTE ESCRITO Y VISUAL

martes, 23 de abril de 2013

JUAN BOSCH (VIDA Y OBRA DE UN ILUSTRE DE AMÉRICA)


                                                                   PROF. JUAN BOSCH

                                                                               I


                                                                                II

 nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909 y murió en Santo Domingo el 1 de noviembre de 2001.
      El profesor Juan Bosch, narrador, ensayista, educador, historiador, biógrafo, político, ex-presidente de la República Dominicana, inició su carrera literaria con un pequeño libro de cuentos, Camino Real (1933), donde narraba en gran parte lo que había visto, escuchado y vivido en su pueblo, La Vega. De esa misma época, es su primera novela breve La Mañosa (1936), donde el personaje central es una mula y el narrador es un niño enfermizo.
          Después, antes de salir al exilio, donde viviría durante más de veinte años, el precursor del cuento dominicano publicaría sus cuentos en periódicos y revistas dominicanas. De aquella época son «La mujer» (cuento que ha sido seleccionado por casi la totalidad de las antologías de cuentos de Hispanoamérica), «Dos pesos de agua» y «El abuelo».
          Pero cuando el profesor Bosch regresó a la República Dominicana, apenas los más viejos conocían que era cuentista. A su llegada, se reunieron sus cuentos en dos volúmenes: Cuentos escritos en el exilio (1964), que incluía «Cuento de Navidad» y «Manuel Sicurí», publicados en ediciones independientes en el extranjero, y Más cuentos escritos en el exilio, (1964), donde se incluyeron, también, cuentos publicados en ediciones independientes, como «La muchacha de la Güaira», publicado en Chile, en 1955.
          Pero Bosch ya había publicado libros, en el extranjero, no precisamentede cuentos, que lo habían dado a conocerer en otros países como biógrafo y ensayista, antes que en su propio país, como Hostos, el sembrador(Cuba, 1939), Judas Iscariote, el calumniado (Chile, 1955).
          Aunque dejó de escribir cuentos desde los años sesenta (el último o escribió para una antologia de cuentos para niños, preparada por el pianista, poeta y dramaturgo Manuel Rueda), el profesor Bosch es reconocido como el precursor del cuento y, sobre todo, de la narrativa social dominicana.).
          Con una prosa imitada por pocos narradores dominicanos de hoy (por lo díficil, aunque se trate de decir lo contrario), en los cuentos de Bosch la problemática social (la preocupación por el hombre y por la fuerza de los procesos sociales que ejercen sobre el individuo) es tratada desde diferentes ángulos, sin hacer, casi siempre, alusión a sistemas o gobiernos determinados.
          Pero no sólo los cuentos del profesor Bosch son guías para el cuentista, si no que sus Apuntes sobre el arte de escribir cuentos es un texto para los estudiantes de otros países como Cuba, llegando a llamar la atención del narrador colombiano Gabriel García Márquez, quien ha declarado más de una vez que Bosch es su profesor).
          La última creación narrativa del profesor Bosch, la novela El oro y la paz (Premio Novela Nacional de Literatura, 1975), aunque escrita en dos versiones, a primera en 1957, mientras el escritor se hallaba viviendo en Cuba, en su primer exilio, y la segunda versión en Puerto Rico, 1964, donde estuvo pasando su otro exilio, es una obra maestra en a Literatura dominicana).
        Las obras de Bosch comprenden, también, ensayos y biografías de grandes figuras de la historia sagrada.
         Es díficil, por no decir imposible, resumir los temas en los cuentos de Juan Bosch. Hay, sin embargo, dos preocupaciones que aparecen en sus mejores cuentos: los problemas sociales, y la preocupación filosófica (por no decir, existencial). Ahí están «La nochebuena de Encarnación Mendoza» (para nosotros, su cuento más perfecto), «Los amos», «Luis Pié», «La muchacha de la Güaira», «Dos pesos de agua» y «La mujer» para probarlo.

[Adaptado de un artículo que escribimos para el periódico El Día, el 12 de enero del 1983.]

Obras:
Narrativa:
Camino Real (1933)
Indios (1935)
La mañosa (1936)
Dos pesos de agua (1941)
La muchacha de la Güaira (1955)
Cuentos de Navidad (1956)
Cuentos escritos en el exilio (1962)
Más cuentos escritos en el exilio (1962).
El oro y la paz (1975

Ensayos:
Mujeres en la vida de Hostos (1938)
Hostos, el Sembrador (1939)
Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1947)
Judas Iscariote, el Calumniado (1955)
Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo (1961)
David, biografía de un rey (1963)
Breve historia de la oligarquía (1970)
Composición social dominicana (1970)
Tres conferencia sobre feudalismo (1971)
Breve historia de la oligarquía (1971)
El Napoleón de las guerrillas (1976)
El Caribe, fronterra imperial: de Cristóbal Colon a Fidel Castro (1978)
Viaje a las antípodas (1978)
Conferencias y artículos (1980)
La revolución de abril (1980)
La guerra de la Restauración (1980)
Clases sociales en la República Dominicana (1983)
Capitalismo, democracia y liberación nacional (1983)
La fortuna de Trujillo (1985)
La pequeña burguesía en la historia de la República Dominicana (1985)
Capitalismo tardío en la República Dominicana
 (1986)
Máximo Gómez: de Monte Cristi a la gloria (1986)
El Estado, sus orígenes y desarrollo (1987)
Textos culturales y literarios (1988)
Dictaduras dominicanas (1988)
Póker de Espanto en El Caribe. Temas económicos (1990)
Breve historia de los pueblos árabes (1991).


                                                        CUENTO: LOS AMOS
                                                       
                                                          CUENTO: LA MUJER 





VIDA POLÍTICA 


A lo largo de toda su vida Juan Bosch marcó claramente la frontera y siempre fue inflexible. Si era el tiempo de la literatura, la política quedaba postergada. Si había llegado la hora de la acción política, la literatura permanecía como el tiempo ya pasado.
Los tiempos de Juan Bosch fueron los más difíciles tanto en el plano interno como externo. En un Caribe todavía encendido por los rescoldos de la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de un conflicto nuclear en el gran pulso mantenido por John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Jruschov, las frágiles espaldas del nuevo presidente tuvieron que asumir los traumas de una sociedad todavía atenazada por las heridas físicas y morales del trujillismo.
Todo ese gigantesco desafío no le hizo temblar nunca el pulso. En ese sentido Juan Bosch tuvo el mismo coraje político que Juan Pablo Duarte para amar a su patria por encima de todo, construir una sociedad solidaria y aceptar siempre los reveses de la incomprensión, el desprecio y la descalificación.
Se ha dicho que Juan Bosch, por el largo exilio en que vivió, nunca comprendió a su país para justificar el golpe que le derrocó. Quienes tantas veces han dicho esto no han comprendido ni comprenden el profundo significado de la lealtad a la patria. Quizás haya que vivir no uno sino varios exilios como Juan Pablo Duarte y Juan Bosch para amar y conocer precisamente, de manera más profunda, a la patria.
Fue justo ese amor a la patria y a sus hombres y mujeres lo que motivó la acción de gobierno ejemplar de Juan Bosch. Sus ideas no podían ser más simples y sencillas: establecer un gobierno que se apoyase y reflejara de manera continua la voluntad mayoritaria del pueblo. Líder del Partido Revolucionario Dominicano, uno de los partidos de mayor incidencia en el año 1962, quiso servir a su patria después de un largo exilio de cinco lustros.
Un buen ejemplo de esa vocación de servicio fue ver cómo Bosh reconstruyó posteriormente su carrera política y se postuló como candidato a la presidencia para los períodos 1966, 1970, 1982, 1986, 1990 y 1994. Pero además fundó en 1973 el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que llegaría finalmente a gobernar bajo el liderazgo de Leonel Fernández.
¿Por qué no pudieron triunfar en 1963 las ideas de Juan Bosch? El primer presidente elegido democráticamente en cuarenta años en unos comicios libres quiso desde un primer momento establecer cuatro prioridades fundamentales para su gobierno:
1.Respeto pleno a la independencia de los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial.
2. Respeto pleno a los derechos civiles y políticos de todos los ciudadanos.
3. Respeto pleno a la utilización honrada y eficiente de los fondos públicos.
4. Respeto pleno a un régimen de igualdad de oportunidades para todos.

Es aquí donde encontramos la respuesta no al fracaso de su gestión sino a las razones de la conspiración que se urdió para derrocarle por todos aquellos que temieron por sus intereses particulares ante los firmes principios que desde un primer momento anunció el presidente como ideario de su gestión.
Aparentemente el presidente contaba con una amplia experiencia de su largo exilio en Cuba, Costa Rica y Venezuela donde había meditado largamente sobre la situación política y económica del país y de toda la cuenca del Caribe. Tenía el respaldo del Congreso, de su partido, del pueblo y de los partidos de izquierda. Pero además contaba con el apoyo expreso de los líderes políticos caribeños así como con las simpatías iniciales de Estados Unidos.
Los primeros escollos pronto aparecieron: el recelo de las elites del país, la división de los sindicatos, las veladas acusaciones de que latía una amenaza comunista en el seno del propio gobierno y, finalmente, el brusco cambio de un férreo régimen dictatorial a un auténtico Estado democrático.
De todos estos escollos el más importante, y el que nunca supo encauzar el presidente, fue el profundo recelo y luego distanciamiento con las elites del país que no podían asimilar su alejamiento de los resortes del poder por quien consideraban un auténtico advenedizo después de cinco lustros de exilio político. Siempre que se producía una crisis entre esta elite y el presidente, este último amenazaba con aplicar la aplanadora, su mayoría en el Congreso. De esta forma se fue cerrando paulatinamente toda posibilidad de diálogo entre el presidente y sectores claves e influyentes de la sociedad. El proyecto de la nueva Constitución que consagraba los derechos civiles y políticos además del derecho al trabajo, la vivienda, la educación y la salud junto a la expropiación por causa de interés social y la igualdad de los hijos naturales ante la ley propició las diferencias entre la Iglesia y los empresarios con el presidente.
Bosch formó además un gobierno con gentes de clase media, origen provinciano y modesto, miembros del exilio, desconocidos para el país con las únicas excepciones de Silvestre Alba de Moya, secretario de Trabajo, y Andrés Freites Barreras, secretario de Relaciones Exteriores. Este gobierno trató desde un primer momento de mantener unas relaciones de equilibrio tanto con Washington como con Moscú mientras buscaba potenciar sus lazos con los países europeos.
La política económica defendida por Juan Bosch, que tuvo que asumir la herencia catastrófica del Consejo de Estado, se basó en la prudencia y la estabilización. El Fondo Monetario Internacional alabó precisamente esta disciplina en el gasto público que corrigió las desviaciones tanto en el presupuesto como en la balanza de pagos. Bosch logró reorganizar las finanzas públicas pero fracasó en la reactivación económica. La presión para que rectificara inmediatamente su política económica fue agobiante. Nadie quiso darle un mínimo plazo. En agosto y septiembre las presiones sobre Palacio fueron constantes. La respuesta del presidente siempre fue la misma: no habría cambios en la política económica. La suerte del primer gobierno elegido democráticamente tras cuarenta años estaba ya echada.
El 25 de septiembre de 1963 las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional se levantaron en armas. El golpe derrocó a Juan Bosch que fue apresado primero y luego deportado. Las razones de los mandos militares para su levantamiento se basaron en la incapacidad del gobierno para resolver los graves problemas del país, el incumplimiento de las promesas electorales y el apoyo expreso del presidente derrocado con el comunismo. Aunque John F. Kennedy siempre miró con simpatía el régimen de Juan Bosch, influyentes miembros de su Administración le advirtieron sobre el peligro cierto de un dominó comunista en las aguas del Caribe. Después de Cuba, decían, la pieza de República Dominicana está ya madura. Sin embargo Kennedy condenó el golpe y pidió el retorno a la constitucionalidad.
Los militares buscaron primero un ciudadano independiente pero finalmente optaron por formar un triunvirato que Kennedy se negó a reconocer. Después del magnicidio de Dallas, el nuevo presidente, Lyndon B. Johnson, reconocería diplomáticamente al nuevo triunvirato formado por Emilio de los Santos, Ramón Tapia Espinal y Manuel Tavares Espaillat.
El golpe no cerró la crisis sino que fue el detonante de un mayor conflicto al estar las fuerzas armadas divididas entre el Grupo de San Cristóbal, mandado por oficiales superiores, y el Grupo de San Isidro, dirigido por Elías Wessin y Wessin de la Fuerza Aérea. Desde septiembre de 1963 a abril de 1965 se vivió un clima de continua crisis y extrema tensión que estalló en un nuevo golpe el 24 de abril de 1965 para volver a restaurar la presidencia de Juan Bosch.
El ejército se dividió entre la Junta de Reconstrucción Nacional, liderada por el coronel Pedro Bartolomé Benoit, y la Junta Constitucionalista presidida por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. El golpe de abril degeneró en una guerra civil que tuvo como campo de batalla las calles de Santo Domingo. Ante la grave situación, y el avance de las tropas de Caamaño, el coronel Benoit pidió la intervención de las tropas de Estados Unidos abriendo la internacionalización de la crisis dominicana.
La guerra de abril de 1965 concluyó con la mediación de la OEA y la firma de un Acto Institucional que reconocía aspectos importantes de la Constitución de 1963 al mismo tiempo que garantizaba los cargos de civiles y militares del bando constitucionalista. El único que se opuso a estos acuerdos, el general Wessin, fue extrañado del país. Comenzó una compleja y tensa normalización que supuso al final la segregación, cancelación y exilio del coronel Caamaño y sus principales hombres. Finalmente la guerra acabó con el acuerdo de organizar nuevos comicios en junio de 1966.
Las elecciones del 1 de junio de 1966 tuvieron un significado histórico. Fueron fundamentalmente el duelo entre el conservador Joaquín Balaguer, al frente del Partido Reformista (PR) y el liberal Juan Bosch, como líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Para Balaguer era su vuelta a la escena política. Desde entonces el hombre que fue secretario y vicepresidente de Trujillo aspiraba a construir su propia carrera política, una carrera larga y tenaz para un hombre que siempre amó los pasillos del poder, fuera cual fuese el precio a pagar.
Para Juan Bosch era de nuevo la lucha de la dignidad, el rechazo a las injurias y calumnias pasadas, el amor y lealtad a su patria y la reivindicación de una oposición siempre tenaz para construir una nueva sociedad. Bosch resultaría derrotado. Su campaña fue testimonial ante el acoso sistemático y las amenazas de muerte. Pero no renunciaría a su vocación política primero en el PRD y luego al frente del PLD, la nueva formación política que el mismo fundó.
Paradójicamente dos grandes personalidades de la vida pública dominicana como son Juan Pablo Duarte y Juan Bosch vivieron el mismo paralelismo de tener que hacer enormes renuncias personales por amor y lealtad a su patria.
En el corazón de la cuenca del Caribe, la obra política de Juan Bosch siempre permanecerá como el momento histórico de un proyecto de cambio social, político y económico que marcó nuevas fronteras y objetivos que hoy permanecen como metas en la escena política del país.



1 comentario:

José Valle Valdés dijo...

me resulta de valor, amigo. Gracias por compartírnoslo.

Abrazo