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martes, 16 de julio de 2019

CINCO MINUTOS EN EL PARAÍSO (MÁS QUE CUENTO)






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CINCO MINUTOS EN EL PARAÍSO.


Que tormentoso es vivir en el tercer piso de un apartamento, más cuando nos llega uno de esos momentos en que el cuerpo no puede controlarse, y tenemos por costumbre solo ir a ese espacio en momento de apuro, que por cierto, se convierte en nuestro trono, nuestra silla sueños.
Eran casi las once de la mañana y de repente les llegan unos cólicos a Lucio, como una gacela sube abruptamente el tercer piso donde está ubicado su apartamento, las llaves se les confunden, los cólicos suben de tonos, al parecer una acción desvergonzante se próxima, y como arte de magia logra encontrar la llave de la puerta, sale huyendo hacia el excusado, se sienta en él, una gota salada recorre su vertebra, un frío extraño invade su cuerpo, y después de pujar una sensación de libertad lo inunda.
Lucio tiene por costumbre cada vez que va al excusado desnudarse, como diría su tía Alfonsina, se queda en cuerito en pelota. Ya Lucio sentado en el excusado comienza a darle rienda suelta a la imaginación, entre pujar y pujar, comienza a pensar que pasaría si sacara el loto, solo 200 millones, bueno lo cierto es que, él haría lo mismo que nosotros, comprar una casa, invirtieramos en bienes raíces, una buena yipeta, hacer una acción social para agradecer a Dios, pero lo primero que haría sería ir a Higuey a cumplir la promesa a la virgencita y por último darle algunas dádivas a los limpia saco. Lucio ya no está en el excusado, está en un jet rumbo a París, viste traje Christian Dior, reloj Rolex, calzado fino, está tomando champaña, viaja en primera clase.  ¡waooo, que maravilloso es el paraíso! exclama Lucio.
Los cólicos desaparecen, empuja la manecilla del excusado, el cuento de Ada se va diluyendo, es abortado por el mal olor, lo cierto es que a nadie les hiede sus heces fecales. Lucio deja una estela pestilente en todo el apartamento, la cual es capaz de asfixiar los mosquitos que andan en desbandada. Ya en la sala, sobre la mesa, comienza a chequear algunos documentos, recibo de luz, recibo del agua, de la basura, todo sin pagar, algunos con dos meses de retraso. Un sonido extraño en el celular indica que llego una notificación del correo electrónico, donde les informa que su estado de cuenta en el banco está en rojo, vuelve otro sonido al celular, este le notifica que su proyecto arquitectónico fue reenviado para fines de investigación, Lucio sale rápidamente del apartamento, bajando los escalones exclama, ¡que mierda es la vida! mientras alguien les vocifera desde el segundo piso del complejo: ¡vecino, vecino! se cumplió el alquiler, cuándo piensa usted pagar, mientras todo el paraíso se esfumaba entre los fantasmas diurno del asfalto.  

Fausto Antonio Aybar Ureña.  

domingo, 7 de julio de 2019

MAS QUE CUENTO


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EL OLVIDO.

No sé qué pasa, pero algo se me ha olvidado, comienzo a repasar desde que me desperté, tengo la mala costumbre de tomarme el café antes de cepillarme, al parecer no fue eso que se me olvido, o tal vez fue el zumo para combatir los parásitos, pero no fue eso porque tengo el sabor a ajo en la boca todavía, tengo la certeza de que algo se me ha olvidado, es posible que haya sido la pastilla para controlar la presión arterial, o es posible que no. Bueno, comienzo a contar las pastillas del estuche, la contabilidad no me cuadra, pienso, que desde el día 15 al 22 son siete días, o cuidado sin son seis, pero si lo incluimos los dos puede ser que sean ocho, lo que es seguro que a mi parecer no la he tomado, pero mi subconsciente me arroja otra repuesta, estoy confundido, me detengo, hago un análisis minucioso. ¡Por fin encuentro el camino para salir de este laberinto! es el vaso de agua, porque cada pastilla debe ir acompañada de un vaso de agua, entonces si no me he tomado el vaso de agua no he tomado la pastilla, pero si se me olvido tomarme el vaso de agua al momento de tomarme la pastilla, pero por Dios, porque joder tanto con la pastilla y el bendito vaso de agua. Lo cierto es que, Esteban no acertaba con una repuesta lógica, y termino concluyendo con algo que había leído de alguien que no recordaba, que decía más o menos; que la gran virtud de la memoria es el olvido. Y volvió a preguntarse si se había tomado la pastilla que olvido tomarse, que por cierto según él se la había tomado, mientras se oían los ronquidos en toda la casa.