Me sumerjo, emerjo de Al filo del vuelo, de la poeta
Evelyn Ramos Miranda.
Al escudriñar en la poética de este libro de la autora
dominicana, me sumerjo cuidadosamente en las aguas misteriosas de su lenguaje.
Porque, a decir verdad, el jardín puede estar lleno de flores, pero también de
espinas. Me deslizo suavemente por cada página, hurgo en su estructura para
decodificar sus enigmas sin la atenuante de la sorpresa. Después de navegar
entre sus versos, emerjo; no sé si soy otro, pero ella, Evelyn Ramos Miranda,
sí es la voz de la mujer de todas las mujeres: Helena, antorcha vivaz del verbo
rebelde que gravita por siempre en la historia de la mujer indomable, heredera
de Anacaona y originaria de los primeros areítos, cánticos de la tierra ya
habitada.
En mi lectura preciso este verso del poema «Réquiem»:
«Nadie sabe cómo duelen los muertos, hasta que
desentierra un dios entre todos los vivos».
Ciertamente, la poeta hace una proyección de lo
existencial y filosófico en su lenguaje lírico; nos sumerge en un mundo que
parece ser exclusivamente suyo, pero que nos pertenece a todos. En su obra se
vislumbra el referente de grandes mujeres de la palabra como Julia de Burgos,
Emily Dickinson, Alejandra Pizarnik y Frida Kahlo.
Evelyn Ramos abreva de la fuente del lenguaje poético
universal para construir su identidad desde el Caribe, desmitificando el
estigma de una semiótica sometida a la estética sin alma. Lo cierto es que, al
leer por primera vez Al filo del vuelo, me miré al espejo para buscar mis
heridas; no eran tangibles, estaban ocultas en cada verso leído, como este del
poema «La virgen de los narcisos»:
«Ella danza sobre los narcisos, con unas sandalias
llenas de cuchillos».
Evelyn Ramos es una poeta dominicana que asombra, provoca e hiere al lector, que discurre entre versos que hechizan y que también
atemorizan. Por eso hay que volver una y otra vez a hurgar en su lenguaje, leerla
y releerla incisivamente. Pero, hagámoslo con una máscara de oxígeno
para poder emerger intactos ante ese mar tumultuoso de su voz: una voz
enraizada en el amor, el desamor y en un erotismo que va más allá del cuerpo,
aquel que habita entre las sombras y en el filo del verso. En definitiva, en ella la poesía dominicana tiene un referente que se explaya por los linderos del lenguaje poético universal.






