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jueves, 16 de mayo de 2013

PEDRO MIR (POETA NACIONAL ) REPÚBLICA DOMINICANA


                                      PEDRO MIR ( POETA DE LA PATRIA ) REPÚBLICA DOMINICANA 


Nació el 3 de junio de 1913, en el ingenio Cristóbal Colón de San Pedro de Macorís. Fue el primero de los tres hijos de Pedro Mir, ingeniero mecánico cubano y de su primera esposa, Vicenta Valentín Mendoza, puertorriqueña de nacionalidad española. 

En 1925 ingresa a la Escuela Normal de San Pedro de Macorís. Un año después, se traslada a la capital junto a su hermana Lilia Marina para continuar sus estudios, que suspende en 1930 a causa del ciclón San Zenón. En 1932, regresó a Macorís del Mar y, en 1937, aparecen unas poesías suyas firmadas con el nombre de ''Pedro Mir'' y presentadas por el director de la página literaria del antiguo Listín Diario, el escritor Juan Bosch, quien lo anunció como ''el poeta social esperado''. 

Se casó en 1939 con Estela Ramírez de Arellano, con quien procreó a Hugo Fernando y Luis Pedro. Dos años después, en 1941, obtuvo el título de Doctor en Derecho de la antigua Universidad Santo Tomás de Aquino (hoy Autónoma de Santo Domingo). Abrió un bufete de abogados con Tulio H. Arvelo en la calle Mercedes y en 1944, fue profesor en la Escuela Superior de Peritos Contadores. Posteriormente fue Secretario Permanente de la Sociedad Dominicana de Prensa. 

El 1947 viajó a Cuba y se integró junto a Bosch y Tulio Arvelo en la organización de la expedición de Cayo Confite, que procuraba acabar con la dictadura de Trujillo. Fue en La Habana, en 1949, donde escribió su primera obra poética recogida en un volumen y a la vez su obra maestra: ''Hay un país en el mundo(Poema Gris en varias ocasiones)''. Fue editada en México en 1955 y dada a conocer en la República Dominicana en 1962 junto con Seis Momentos de Esperanza, en una publicación del grupo estudiantilFragua

Entre 1952 y 1953, visitó México, Guatemala, Viena, Checoslovaquia, Rumanía y Londres, viajes en los que participó en congresos y conferencias. Tras ese periplo regresó a Cuba, donde dirigió el noticiario de Cadena Oriental de Radio. Realizó otro ciclo de viajes entre 1958, por Estados Unidos y México, donde fue traductor de inglés y francés para la Universidad Autónoma de México (UNAM). En 1959 regresó a Cuba tras el triunfo de la revolución y allí contrajo matrimonio con Carmen Mesejo García, con quien procreó a sus hijos Celeste, Geraldine y Carlos Pedro José. Regresó al su país en abril de 1963 y de nuevo ejerció la abogacía. 

Tras el derrocamiento de Bosch viajó a Francia, la Unión Soviética, España y Cuba. Retornó en 1968, cuando reaparecieron y fueron editados por primera vez los originales de Tres Leyendas de ColoresEnsayo de Interpretación de las Tres Primeras Revoluciones del Nuevo Mundo, después de más de 20 años de escritos. En 1972 fue profesor de Teoría y Crítica de Arte en la UASD y apareció en México en ese mismo año su obra Viaje a la Muchedumbre. En el '74 fue designado miembro de número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana en consideración a sus investigaciones en el campo de la historia nacional y la estética. 

En 1982 recibe el título de Poeta Nacional, propuesto por los tres partidos mayoritarios del país, y otorgado por votación unánime de los miembros de la Cámara de Diputados de la República Dominicana. 

Pedro Mir falleció en Santo Domingo el martes 11 de Julio del 2000. 


Premios y reconocimientos

1974 Premio Anual de Historia
1975 Premio Anual de Poesía
1984 Poeta Nacional de la República Dominicana
1991 Doctorado Honoris Causa del Hunter College de la Universidad de New York
1993 Premio Nacional de Literatura


Obras

Hay un país en el mundo(1949)
Contracanto a Walt Whitman(1952)
Seis momentos de esperanza (1953)
Poemas de buen amor y a veces de fantasía (1969)
Amén De Mariposas (1969)
Tres leyendas de colores (1969)
El gran incendio (1969)
Viaje a la muchedumbre (1971)
Apertura a la estética (1974)
Las raíces dominicanas de la doctrina Monroe (1974)
El huracán Neruda (1975)
La gran hazaña de Límber y después otoño (1977)
Cuando amaban las tierras comuneras (1978)
Fundamentos de teoría y crítica del arte (1979)
La noción del período en la historia dominicana (1981)
¡Buen viaje, Pancho Valentín! (Memorias de un marinero) (1981)
Historia del hambre en la República Dominicana (1987)
Estética del soldadito (1991)
El lapicida de los ojos morados (1991)
Primeros versos (1993)
Ayer menos cuarto y otras crónicas (2000)
Ni un paso atrás 






                                              POEMA HAY UN PAÍS EN EL MUNDO 

ENSAYO SOBRE LA TRAYECTORIA POÉTICA DE ( PEDRO MIR ) POR EL ESCRITOR
MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN 


Una comparación entre Mir y los que aparecen a su lado en el grupo de los Independientes del Cuarenta, muestra la diferencia de lectura que existe entre un poeta militante y otros colaboradores de un régimen. No me toca a mí en estos momentos hacer una valoración de la relación vida-literatura de estos creadores, cumbres superiores de nuestra poesía. Pero me parece significativo para comprender la lectura que se ha realizado sobre la obra de Pedro Mir. Y no menos importante es significar que exceptuando a Hernández Franco, cuya poesía llega a la cima con “Yelidá” y nunca más alcanza un vuelo superior y Franklin Mieses Burgos, todos los poetas de su grupo tuvieron una obra poética más dilatada que la de Pedro Mir. Y en el caso de Inchaústegui Cabral su poesía social es verdaderamente más amplia. Sin embargo, la lectura de Pedro Mir lo ha construido como el poeta social y nacional dominicano.
Creo que en este aspecto hay dos caminos a seguir. Hay que ver la obra dentro del contexto social producido y aquilatar sus valores, asimismo ver el agregado que le ha permitido una difusión más amplia en el país y en el extranjero. Lo primero nos remite al deseo de construir la polis. La poesía social dominicana ha estado íntimamente relacionada a la fundación de la democracia dominicana. Es decir, a la organización del país como sociedad política democrática. Hay un país en el mundo muestra ese deseo. Es uno de los poemas fundacionales de la sociedad dominicana. En él se puede apreciar esa lucha política en la que los sectores sociales subalternos están representados. Y es lógico que lo veamos como parte de las ideas populistas y socialistas en boga en los años treinta, cuarenta y cincuenta.
Por lo tanto, en la obra de Pedro Mir hay valores literarios y construcción social que se debe a una forma de lectura y a una identificación del autor con la lucha de su pueblo. Lo que hace a Pedro Mir un poeta “nacional” o el poeta dominicano más conocido en el extranjero está doblemente motivado en su calidad poética y en identificación de su vida con su escritura. Para lograr lo primero hay que ser poeta, como lo son muchos de su grupo, pero para lograr lo otro hay que apostar la vida. Y Pedro la apostó. Creo que su decidida actuación política marcó su vida y su obra. Reducir la lectura que ha tenido la obra de Mir al hecho de que elementos políticos la han asumido como suya sin ver cuáles son los valores que ella tiene, es jugar el mismo juego en contra de la poeticidad de texto. Independientemente de las lecturas que se ha realizado sobre la obra de Mir, sus textos soportan la criticidad literaria y es ahí, sin dudas, donde reside el valor de una obra.
Ahora bien, el problema de lectura de la obra de Pedro Mir no solo consiste en su reduccionismo receptivo, sino en limitar la obra del autor a su poesía. Razones editoriales  y de condiciones de lectura existen de sobra en el país para avalar esta situación. Pero un estudio de todas las obras del autor nos muestra sus aportes en el terreno de la narrativa. Sus cuentos contenidos en La gran hazaña de Límber y después Otoño (1977), su novela Cuando amaban las tierras comuneras (1978) y su relato ¡Buen viaje Pancho Valentín! (1981) muestran otra faceta de Pedro Mir. Además, su incursión en el terreno narrativo, los dos primeros libros de Mir plantean innovaciones estructurales y técnicas propias del Posboom de la literatura hispanoamericana. Mir hace gala de una prosa de primer orden. No me extenderé en este aspecto y les remito a los trabajos de Rei Berroa, Benítez Rojo, Elpidio Laguna, Liza Davis y otros sobre la obra narrativa de Pedro Mir. En cuanto a ¡Buen viaje es necesario que se lea como un cuaderno de retorno al país natal. En esta obra aparecen los conflictos de la sociedad dominicana de la posdictadura. Un período trabajado con logros significativos por Pedro Vergés en Sólo cenizas hallarás y Guillermo Piña Contreras en Fantasma de una lejana fantasía.
En la ensayística histórica interviene Pedro Mir, desde los años cuarenta. En Tres leyendas de colores (1969) Pedro Mir presenta una innovadora manera de presentar el origen de las revoluciones de tres razas en la Española. Mir trabaja la rebelión de Roldán, la de Enriquillo y la de Lemba, como las revoluciones de las tres razas que conforman el sustrato étnico de las Antillas. El libro tiene logros literarios y en él Mir une al poeta y al historiador retornando la escritura histórica a les belles lettres. Su concepción histórica está signada por el populismo. En ese texto Mir expone su concepción populista de la historia. Es una visión deudora del romanticismo y del marxismo. Mir entiende que es el pueblo el actor en el devenir histórico. Con este libro Mir hace una arqueología de la voz popular y de cómo lucha para lograr el escenario de la historia.
Un propósito muy similar tiene al escribir El gran incendio (1978) en el que estudia el origen de la sociedad dominicana a partir de las Devastaciones de Osorio y los conflictos entre las potencias europeas contra España en los siglos XVII y XVIII. Mir se muestra como un estudioso de las fuentes históricas a la vez que no deja de presentar la historia desde su respetiva y a través de su prosa poética. Pero es en La noción de período en la historia dominicana (1983) donde Mir toma con más dedicación sus estudios sobre la periodización de la historia en un esfuerzo no inconcluso, pero admirable. La visión que tenemos de ese trabajo es parcial, pues la editorial de la Universidad no llegó a publicarlo completamente y hoy no sabemos cuál es su destino. La concepción de la historia en Mir es una concepción marxista.
Uno de los trabajos más significativos de la escritura miriana sobre el tema, es el ensayo La historia del hambre en la República Dominicana (1983) cuya edición posterior apareció con el título de La bella historia del hambre. Este libro se destaca por ser el ensayo mejor logrado de Pedro Mir, tiene amplios fundamentos históricos y participa de una escritura ensayística de mucha madurez. El tema es fundamental en la cultura dominicana, rebate los postulados de José Ramón López en La alimentación y las razas y muestra que el origen del hambre en la Republica Dominicana está íntimamente ligado al desarrollo urbano. Es el dominicano moderno el que ha sufrido el flagelo del hambre. Tal y como la conocemos no la padecieron nuestros antepasados. Mir nos conduce por los vericuetos de nuestra historia para mostrarnos sus tesis sobre el origen del hambre y nos pone en sobreaviso sobre los males que el urbanismo mal llevado nos puede acarrear como sociedad.
El Pedro, el Mir ensayista no solo participa de la concepción y la investigación histórica sino que participa de la investigación en el terreno de la estética. Esta es una de las inclinaciones más profundas del poeta. Desde que fuera profesor en la Escuela Normal en la década del cuarenta, Mir se había dedicado al estudio de la teoría y las reflexiones sobre el arte. Sus primeras lecturas estuvieron centradas en Hegel, Vico y Croce. A su regreso al país en la década de los sesenta, Mir ocupa la Cátedra de Introducción a la Estética en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. También se dedica a investigar  sobre el tema. Publicó dos textos Apertura a la Estética (1974) Fundamentos de teoría y crítica de arte (1979) Estos textos están cruzados por una exposición clásica de la filosofía del arte y por una decidida influencia del marxismo. Ya a finales de la década del setenta  se maduraba una crítica a la concepción hegeliana y marxista del arte. La lingüística y la semiología se habían apoderado de las investigaciones a través del estructuralismo.
Las teorías de Mir fueron fuertemente criticadas por Diógenes Céspedes en su libro Escritos críticos (1976) y luego en su Lenguaje y poesía en Santo Domingo en el siglo veinte (1985). La idea de la muerte del arte surge en Céspedes como muerte de la estética. Mir se empina en esa crítica y en sus textos realizará un debate silencioso sobre la estética y su relación con las disciplinas en boga. Para explicarse el arte teniendo en cuenta los postulados de la semiótica escribe la Estética del soldadito (1989), pero es en su libro El lapicida de los ojos morados (1993)  donde realiza la más fuerte demostración de sus investigaciones sobre el arte y plantea una crítica muy fuerte al estructuralismo.


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