Después que la noche
desmigaja mis sueños,
pesadillas pasan sobre
mis sendero, al llegar
una sombra lame mis manos
chiquita y tierna
traviesa e inquieta
por momento me inunda
el alma de quietud,
se adhiere a mi piel
como luciérnaga al silencio,
hace descomulgar a los fantasmas
que habitan en este cementerio
de orquídeas y rosas.
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LIZ
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martes, 1 de abril de 2008
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