Desahogo
Déjame tocar, tocar todo el silencio
que navega entre los murales
de tu piel y reparar a la luz de una lucíernaga
toda la cobardía de mi lengua.
Déjame reír en este solitario
bosque de humano y esparcir mis
fantasmas entre sus edificios agujerados
de olvido.
Tan solo déjame, déjame huir de mis
fantasías, déjame arrinconarme entre tus
labios de unicornio abatido y abrigarme
entre tus alas de mariposa marchita.
Tan solo déjame, déjame huir de mi silencio,
este silencio que acorrala cordilleras,
que naufraga en mis ojos de duende taciturno
y duerme en la sutileza de tu sueño.
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martes, 11 de noviembre de 2008
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