Dialogo para un arrepentido
Sólo él subió al púlpito, su refinado léxico
envuelto en burbujas de cristal, predecía su
habilidad para hilar los bostezos, los demás
escuchaban.
Sólo el habló de huellas, de senderos, de dedos
abatidos por espinas, de muchedumbre ahogándose
en el vino, del látigo desgarrando la carne,
los demás pensaban.
Él se llenó de cólera, escupió los santos,
abofeteó las vírgenes, tembló el cielo,
se destruyó el púlpito, cayó hincado,
no brotaron plegarias, más todos soñaban.
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