EPILOGO DE UN ENCUENTRO
Los idiomas
fluyen,
se humedecen,
se dilatan.
Los equilibristas
oscilan entre los invisibles recuerdos
de una lágrima;
y pretendo ignorar
migajas, murmullos
de las noches agraviadas.
Los idiomas
se contorsionan , enmudecen,
la piel se diluye;
y rumbo al abismo,
ese perfume de rosas encadenadas,
dos sombras,
pupilas en ascendente orgasmo,
los amantes fallecen,
anárquicamente, desnudos los labios
prefieren dormir.
Los idiomas
aletean,
aúllan,
quebrada el alma,
los noctámbulos decodifican partituras.
La Era, es habitada por alas,
las luciérnagas petrificadas,
no pretenden mutar,
abortado el tiempo,
las sombras no sueñan.
Fausto Aybar
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lunes, 17 de octubre de 2011
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