Apuntes sobre el libro Nunca fue bueno tanto olvido
Del poeta dominicano Daniel Beltré López.
Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 2020
Por. Fausto Aybar.
Al acercarme por primera vez al poemario del autor dominicano
Daniel Beltré López (Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 2020), comprendí de
inmediato que tendría que realizar varias incursiones por sus páginas. En cada
hoja no habita solo un poema, sino un mundo que discurre entre la metamorfosis
de un alma negada a la invisibilidad del pasado.
Desde mi óptica, este libro se estructura en tres
pilares fundamentales: memoria, dignidad y poética del espacio.
La memoria como resistencia
La memoria es el corazón de esta obra. El escritor
rescata de los rincones más oscuros del olvido sus vivencias, haciendo que el
pasado se erija como presente; aquí, la memoria es resistencia. Al navegar por
versos como: “había escuchado hablar de la lluvia, de sus cordones
ensortijados, luminosos, pero hasta entonces no había descubierto su rostro, su
canto”, el poeta retorna a su infancia y, simultáneamente, nos invita a
recorrer la nuestra desde el despertar del recuerdo. Existe una sinceridad
profunda en su canto; pareciera que el autor abrevó del estilo makoto de
la poesía japonesa —referenciado por el poeta Ueshima Onitsura—, donde el fluir
lírico se construye sobre la sinceridad de la memoria histórica del poema, de
la integridad humanista del discurso.
La dignidad en el verso
El segundo pilar es la dignidad. Para el poeta es
vital que su discurso esté marcado por un lenguaje de respeto hacia los
personajes que fluctúan en sus páginas. En este contexto, la dignidad es
también memoria. El poema Scholáris es un fiel ejemplo de cómo
dignificar desde el verso a quienes habitan la obra.
Esta pieza es una elegía conmovedora construida en
tres cantos:
I. “fueron
tres los que vinieron al rito de las uvas marinas”
II. “fueron
todos los que vinieron después de mover el horizonte”
III. “vinieron
todos, también vinieron los muertos”
Es un poema que exige una reflexión profunda por su
carga emocional. Como mencioné al inicio, no es un libro para leer de un tirón;
su densidad poética exige pausas para digerir la descarga que el autor deposita
en el lector.
La poética del espacio
Para abordar el tercer pilar debemos remitirnos a lo
planteado por el filósofo francés Gastón Bachelard, quien afirmaba que los
espacios no son solo lugares habitables, sino entes vivos que habitan en los
seres humanos aun no estando. En Nunca fue bueno tanto olvido, Beltré
rescata los escenarios del pasado con un lenguaje poético donde se sedimentan
los recuerdos y el autor se reencuentra con sus raíces.
La casa, las calles, el barrio y la escuela no son
meros espacios geométricos; son la construcción de su identidad y una herencia
generacional que resiste al olvido. El lector se siente parte de lo leído
porque, como bien expresaba Octavio Paz: “cada lector busca algo en el
poema, y no es extraño que lo encuentre, porque ya lo llevaba dentro”
Cada poema de este libro forma parte del universo
creativo del autor; por ello, quien lo sostenga sentirá la necesidad de volver
a sus páginas una y otra vez. La voz de Beltré es, en definitiva, la suma de
todas aquellas voces que buscan construir, desde el territorio de la memoria,
un muro de resistencia ante el olvido.

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