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sábado, 23 de mayo de 2026

Daniel Beltré López "Nunca fue bueno tanto olvido". La memoria territorio de resistencia.

 








Apuntes sobre el libro Nunca fue bueno tanto olvido

Del poeta dominicano Daniel Beltré López.

Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 2020

Por. Fausto Aybar.

 

Al acercarme por primera vez al poemario del autor dominicano Daniel Beltré López (Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 2020), comprendí de inmediato que tendría que realizar varias incursiones por sus páginas. En cada hoja no habita solo un poema, sino un mundo que discurre entre la metamorfosis de un alma negada a la invisibilidad del pasado.

Desde mi óptica, este libro se estructura en tres pilares fundamentales: memoria, dignidad y poética del espacio.

La memoria como resistencia

La memoria es el corazón de esta obra. El escritor rescata de los rincones más oscuros del olvido sus vivencias, haciendo que el pasado se erija como presente; aquí, la memoria es resistencia. Al navegar por versos como: “había escuchado hablar de la lluvia, de sus cordones ensortijados, luminosos, pero hasta entonces no había descubierto su rostro, su canto”, el poeta retorna a su infancia y, simultáneamente, nos invita a recorrer la nuestra desde el despertar del recuerdo. Existe una sinceridad profunda en su canto; pareciera que el autor abrevó del estilo makoto de la poesía japonesa —referenciado por el poeta Ueshima Onitsura—, donde el fluir lírico se construye sobre la sinceridad de la memoria histórica del poema, de la integridad humanista del discurso.

 

 

La dignidad en el verso

El segundo pilar es la dignidad. Para el poeta es vital que su discurso esté marcado por un lenguaje de respeto hacia los personajes que fluctúan en sus páginas. En este contexto, la dignidad es también memoria. El poema Scholáris es un fiel ejemplo de cómo dignificar desde el verso a quienes habitan la obra.

Esta pieza es una elegía conmovedora construida en tres cantos:

I. “fueron tres los que vinieron al rito de las uvas marinas”

II. “fueron todos los que vinieron después de mover el horizonte”

III. “vinieron todos, también vinieron los muertos”

Es un poema que exige una reflexión profunda por su carga emocional. Como mencioné al inicio, no es un libro para leer de un tirón; su densidad poética exige pausas para digerir la descarga que el autor deposita en el lector.

La poética del espacio

Para abordar el tercer pilar debemos remitirnos a lo planteado por el filósofo francés Gastón Bachelard, quien afirmaba que los espacios no son solo lugares habitables, sino entes vivos que habitan en los seres humanos aun no estando. En Nunca fue bueno tanto olvido, Beltré rescata los escenarios del pasado con un lenguaje poético donde se sedimentan los recuerdos y el autor se reencuentra con sus raíces.

La casa, las calles, el barrio y la escuela no son meros espacios geométricos; son la construcción de su identidad y una herencia generacional que resiste al olvido. El lector se siente parte de lo leído porque, como bien expresaba Octavio Paz: “cada lector busca algo en el poema, y no es extraño que lo encuentre, porque ya lo llevaba dentro”

Cada poema de este libro forma parte del universo creativo del autor; por ello, quien lo sostenga sentirá la necesidad de volver a sus páginas una y otra vez. La voz de Beltré es, en definitiva, la suma de todas aquellas voces que buscan construir, desde el territorio de la memoria, un muro de resistencia ante el olvido.


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