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lunes, 14 de septiembre de 2026

El arte del buen contar: Una lectura de “Desde un costado de la (des)memoria” de Gustavo Olivo Peña.

 






El arte del buen contar: Una lectura de “Desde un costado de la (des)memoria” de Gustavo Olivo Peña.

Por. Fausto Aybar (Lector)


Antes de iniciar la lectura y el escrutinio de los cuentos de Gustavo Olivo, es propicio detenerse en las reflexiones de los más consagrados cultores del género breve. Para Julio Cortázar, el cuento es una síntesis viviente basada en la tensión espiritual y formal, comparada célebremente con ganar un combate por knockout. Edgar Allan Poe postulaba que debe constituir una unidad de impresión, diseñada para causar un impacto emocional único. Por su parte, Antón Chéjov lo definió como una narración de la vida cotidiana, de los conflictos morales y del vacío existencial, prescindiendo de grandes eventos heroicos o moralejas explícitas.

En nuestro contexto, Juan Bosch, en su libro Teoría del cuento, plantea que este género posee un tiempo corto y concentrado, tratándose de una forma profunda y sustancial. Para Horacio Quiroga, el cuento es intensidad y brevedad que debe ir directo al grano, con una estructura implacable donde cada palabra cumple una función exacta y nada sobra. Sopesando estas premisas, desempolvé el libro El arte de escribir cuentos de Diógenes Valdez para adentrarme en los laberintos de la cuentística de Gustavo Olivo.

Gustavo Olivo Peña es periodista, escritor y un celoso guardián del buen uso de la palabra. Se licenció en Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en 1985 y es un activo gestor cultural y literario. En el año 2022 fue galardonado con el Premio Nacional de Cuento José Ramón López del Ministerio de Cultura de la República Dominicana por su libro Un hombre discreto y otras historias. Nuevamente, en el 2026, vuelve a alzarse con este mismo galardón gracias a su obra Desde un costado de la (des)memoria, un libro que abordaré desde mi condición de lector.

Como bien dijo Julio Ramón Ribeyro, el cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo. Partiendo de esta premisa, hurgaré en las páginas del autor tomando como guía tres ejes fundamentales: la memoria, lo mágico-espiritual y el discurso universal.

 

 La memoria

Anclar un cuento en la memoria puede resultar peligroso, pues el relato corre el riesgo de quedar atrapado en los recuerdos puramente personales del autor. Sin embargo, cuando existe un dominio absoluto del tiempo y del pulso literario, el material autobiográfico o histórico aflora con luz propia.

Esto sucede en los cuentos «El regreso», «El legado» y «El maestro», donde el escritor construye, a partir de los recuerdos, piezas de excelente calidad. Dos de estos relatos se recrean en la década del 70, una época de turbulencia y dificultad en el país.

Detengámonos en «El regreso», una trama de dignidad y coraje protagonizada por el teniente Gael Hidalgo, quien se encuentra en la disyuntiva de obedecer las órdenes del sistema —asesinar a los agitadores— o escuchar la voz de su conciencia. Opta por lo segundo. A raíz de esta decisión, su esposa Julia inicia una desesperada búsqueda, temiendo que haya sido desaparecido por desobedecer las directrices oficiales. En el relato destaca la figura del coronel Guillermo, a quien Julia inicialmente culpa por la desaparición de su esposo, sin saber que era precisamente quien lo protegía. El final del cuento queda abierto a las conclusiones del lector, detonado tras el disparo que abate al perseguidor del teniente Hidalgo, el mayor Méndez Pérez. El sutil ocultamiento y manejo del coronel Guillermo por parte del autor constituyó, sin duda, un acto de genialidad creativa.

Por su parte, en «El maestro», el autor nos lleva por los caminos de la justicia social a través de un educador de edad avanzada que forma parte de un grupo político dedicado a asaltar bancos para financiar mejoras en comunidades olvidadas. El protagonista encarna a una suerte de Robin Hood moderno que quita a los ricos para dar a los pobres. Destaca la evolución del sargento Pérez, quien, a pesar de tener la encomienda de vigilar al maestro, termina volcándose a su favor y convirtiéndose en un disidente debido al impacto de las acciones comunitarias. Podemos notar cómo aquí lo local no entorpece la comprensión universal del texto, pues en cualquier latitud puede encontrarse a un maestro entregado en una comunidad como Montecristi. Sin duda, la memoria se erige como una fuente inagotable para que el escritor perpetúe momentos inolvidables en los anales de su quehacer literario.

 

Lo mágico-espiritual

Una cosa es el realismo mágico y otra muy distinta es lo mágico-espiritual. Abordaremos este segundo ángulo a través del cuento «La verdadera historia de Lu Bertrand y Pedro el Cruel».

Al leer textos como «La mancha indeleble» o «Dos pesos de agua» de Juan Bosch, se percibe una atmósfera densamente espiritual enraizada en las tradiciones populares, los mitos y las leyendas de la dominicanidad. No obstante, Gustavo Olivo nos empuja hacia un hibridismo entre lo universal y lo tradicional. Conjugando el folclor y la mitología del imaginario popular —utilizando como telón de fondo la figura de Pedro el Cruel y los machetes de los compadres—, el autor crea un tercer personaje mítico: Lu Bertrand, el hombre que destaja los senos de las mujeres por todas las comarcas y a quien nadie conoce de vista, operando bajo la misma lógica espectral de leyendas urbanas como el chupacabra o la ciguapa, de las que todos hablan, pero nadie puede certificar. En este cuento, Gustavo Olivo demuestra su extraordinario dominio del arte de contar al enhebrar con maestría el hilo de la narración y proyectar la perspectiva del discurso narrativo.

 

El discurso universal

Si retomamos las premisas de los maestros citadas al inicio, podemos afirmar que el cuento es un texto preciso, sin vacíos ni flecos, donde cada elemento ocupa su justo lugar para acorralar al lector desde la primera frase y ofrecer un final impactante o sugerente. En este tenor, el autor nos brinda varias piezas de marcada tendencia universal: «La mirada», «La muerte del poeta», «La fotografía» e «Inocente».

La voz narrativa de Gustavo Olivo posee una identidad propia que le permite viajar por el espacio literario sin necesidad de visados. «La mirada» es una pieza exquisita, digna de ser reconocida dentro de la cuentística latinoamericana y universal; «La muerte de un poeta» navega entre lo imaginario y lo existencial, mostrando a un escritor que se desnuda ante lo que aspiraba ser y lo que el destino le tenía pautado.

Asimismo, los elementos existencialistas se abordan con mayor ahínco en «El homenaje» y «Viaje a la nada», donde el ser humano parece estar condenado a ser libre, tal como argumentaba Jean-Paul Sartre. En definitiva, Desde un costado de la (des)memoria es un libro de cuentos que no debe leerse de un tajo, ya que cada pieza, perfectamente diseñada por el autor, necesita ser sopesada, degustada y estudiada en toda su composición para comprender la verdadera magnitud de su universalidad narrativa.


El arte del buen contar: Una lectura de “Desde un costado de la (des)memoria” de Gustavo Olivo Peña.

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