El arte del buen contar: Una lectura de “Desde un
costado de la (des)memoria” de Gustavo Olivo Peña.
Por. Fausto Aybar (Lector)
Antes de iniciar la lectura y el escrutinio de los
cuentos de Gustavo Olivo, es propicio detenerse en las reflexiones de los más
consagrados cultores del género breve. Para Julio Cortázar, el cuento es una
síntesis viviente basada en la tensión espiritual y formal, comparada
célebremente con ganar un combate por knockout. Edgar Allan Poe
postulaba que debe constituir una unidad de impresión, diseñada para causar un
impacto emocional único. Por su parte, Antón Chéjov lo definió como una
narración de la vida cotidiana, de los conflictos morales y del vacío
existencial, prescindiendo de grandes eventos heroicos o moralejas explícitas.
En nuestro contexto, Juan Bosch, en su libro Teoría
del cuento, plantea que este género posee un tiempo corto y concentrado,
tratándose de una forma profunda y sustancial. Para Horacio Quiroga, el cuento
es intensidad y brevedad que debe ir directo al grano, con una estructura
implacable donde cada palabra cumple una función exacta y nada sobra. Sopesando
estas premisas, desempolvé el libro El arte de escribir cuentos de
Diógenes Valdez para adentrarme en los laberintos de la cuentística de Gustavo
Olivo.
Gustavo Olivo Peña es periodista, escritor y un celoso
guardián del buen uso de la palabra. Se licenció en Comunicación Social en la
Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en 1985 y es un activo gestor
cultural y literario. En el año 2022 fue galardonado con el Premio Nacional de
Cuento José Ramón López del Ministerio de Cultura de la República Dominicana
por su libro Un hombre discreto y otras historias. Nuevamente, en el
2026, vuelve a alzarse con este mismo galardón gracias a su obra Desde un
costado de la (des)memoria, un libro que abordaré desde mi condición de
lector.
Como bien dijo Julio Ramón Ribeyro, el cuento se ha
hecho para que el lector pueda a su vez contarlo. Partiendo de esta premisa,
hurgaré en las páginas del autor tomando como guía tres ejes fundamentales: la
memoria, lo mágico-espiritual y el discurso universal.
La memoria
Anclar un cuento en la memoria puede resultar
peligroso, pues el relato corre el riesgo de quedar atrapado en los recuerdos
puramente personales del autor. Sin embargo, cuando existe un dominio absoluto
del tiempo y del pulso literario, el material autobiográfico o histórico aflora
con luz propia.
Esto sucede en los cuentos «El regreso», «El legado» y
«El maestro», donde el escritor construye, a partir de los recuerdos, piezas de
excelente calidad. Dos de estos relatos se recrean en la década del 70, una
época de turbulencia y dificultad en el país.
Detengámonos en «El regreso», una trama de dignidad y
coraje protagonizada por el teniente Gael Hidalgo, quien se encuentra en la
disyuntiva de obedecer las órdenes del sistema —asesinar a los agitadores— o
escuchar la voz de su conciencia. Opta por lo segundo. A raíz de esta decisión,
su esposa Julia inicia una desesperada búsqueda, temiendo que haya sido
desaparecido por desobedecer las directrices oficiales. En el relato destaca la
figura del coronel Guillermo, a quien Julia inicialmente culpa por la
desaparición de su esposo, sin saber que era precisamente quien lo protegía. El
final del cuento queda abierto a las conclusiones del lector, detonado tras el
disparo que abate al perseguidor del teniente Hidalgo, el mayor Méndez Pérez.
El sutil ocultamiento y manejo del coronel Guillermo por parte del autor
constituyó, sin duda, un acto de genialidad creativa.
Por su parte, en «El maestro», el autor nos lleva por
los caminos de la justicia social a través de un educador de edad avanzada que
forma parte de un grupo político dedicado a asaltar bancos para financiar
mejoras en comunidades olvidadas. El protagonista encarna a una suerte de Robin
Hood moderno que quita a los ricos para dar a los pobres. Destaca la evolución
del sargento Pérez, quien, a pesar de tener la encomienda de vigilar al
maestro, termina volcándose a su favor y convirtiéndose en un disidente debido
al impacto de las acciones comunitarias. Podemos notar cómo aquí lo local no entorpece
la comprensión universal del texto, pues en cualquier latitud puede encontrarse
a un maestro entregado en una comunidad como Montecristi. Sin duda, la memoria
se erige como una fuente inagotable para que el escritor perpetúe momentos
inolvidables en los anales de su quehacer literario.
Lo mágico-espiritual
Una cosa es el realismo mágico y otra muy distinta es
lo mágico-espiritual. Abordaremos este segundo ángulo a través del cuento «La
verdadera historia de Lu Bertrand y Pedro el Cruel».
Al leer textos como «La mancha indeleble» o «Dos pesos
de agua» de Juan Bosch, se percibe una atmósfera densamente espiritual
enraizada en las tradiciones populares, los mitos y las leyendas de la
dominicanidad. No obstante, Gustavo Olivo nos empuja hacia un hibridismo entre
lo universal y lo tradicional. Conjugando el folclor y la mitología del
imaginario popular —utilizando como telón de fondo la figura de Pedro el Cruel
y los machetes de los compadres—, el autor crea un tercer personaje mítico: Lu
Bertrand, el hombre que destaja los senos de las mujeres por todas las comarcas
y a quien nadie conoce de vista, operando bajo la misma lógica espectral de
leyendas urbanas como el chupacabra o la ciguapa, de las que todos hablan, pero
nadie puede certificar. En este cuento, Gustavo Olivo demuestra su
extraordinario dominio del arte de contar al enhebrar con maestría el hilo de
la narración y proyectar la perspectiva del discurso narrativo.
El discurso universal
Si retomamos las premisas de los maestros citadas al
inicio, podemos afirmar que el cuento es un texto preciso, sin vacíos ni
flecos, donde cada elemento ocupa su justo lugar para acorralar al lector desde
la primera frase y ofrecer un final impactante o sugerente. En este tenor, el
autor nos brinda varias piezas de marcada tendencia universal: «La mirada», «La
muerte del poeta», «La fotografía» e «Inocente».
La voz narrativa de Gustavo Olivo posee una identidad
propia que le permite viajar por el espacio literario sin necesidad de visados.
«La mirada» es una pieza exquisita, digna de ser reconocida dentro de la
cuentística latinoamericana y universal; «La muerte de un poeta» navega entre
lo imaginario y lo existencial, mostrando a un escritor que se desnuda ante lo
que aspiraba ser y lo que el destino le tenía pautado.
Asimismo, los elementos existencialistas se abordan
con mayor ahínco en «El homenaje» y «Viaje a la nada», donde el ser humano
parece estar condenado a ser libre, tal como argumentaba Jean-Paul Sartre. En
definitiva, Desde un costado de la (des)memoria es un libro de cuentos
que no debe leerse de un tajo, ya que cada pieza, perfectamente diseñada por el
autor, necesita ser sopesada, degustada y estudiada en toda su composición para
comprender la verdadera magnitud de su universalidad narrativa.






